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Viernes, 15 de Julio de 2011 10:28

Mike Oldfield - The Killing Fields (1984)

por  Grimble
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La Película:

Conocida en España como Los gritos del Silencio.
DIRECTOR: Roland Joffé
GUIÓN: Bruce Robinson
MÚSICA: Mike Oldfield
FOTOGRAFÍA: Chris Menges
REPARTO: Sam Waterston, Haing S. Ngor, John Malkovich, Julian Sands, Craig T. Nelson, Spalding Gray, Bill Paterson, Patrick Malahide, Athol Fugard…

La película relata en primera persona la experiencia vivida por un reportero de guerra llamado Sydney Schanberg en la guerra civil camboyana que durante la primera mitad de la década de los 70 asoló el país asiático y enfrentó a la guerrilla del Khmer Rojo (o Jemeres Rojos) liderados por un tal Saloth Sar, más conocido como Pol Pot contra el dictador Lon Nol, colocado en el puesto de gobernante por los Estados Unidos de Nixon.
Sydney cuenta con un compañero llamado Dith Pran, que comienza como traductor local para el periodista y terminará abriéndole los ojos al conflicto que estaba teniendo lugar. En esta parte del film donde vemos a ambos protagonistas desarrollar la labor de corresponsales de guerra, destaca la escena donde ambos son testigos del bombardeo por error de los Estados Unidos de la ciudad de Neak Luong.
Ambos protagonistas deciden quedarse en el país cuando Estados Unidos abandona Camboya ante la victoria de Khmer Rojo, sin embargo, la situación de constante peligro hace que finalmente decidan abandonar el país, sin embargo, al llegar al aeropuerto, las autoridades prohíben la salida del país de ciudadanos camboyanos, por lo que Pran no solo tendrá que quedarse sino que además será recluido en un campo de trabajo, los campos de la muerte. Esto da lugar a otro de los momentos sobrecogedores del film, por un lado las penalidades que sufre Pran en el campo de concentración y paralelamente el sentimiento de culpa e impotencia de Sydney en el “confortable” “país de las libertades”.
Los gritos del silencio es la primera película para el medio cinematográfico del británico Roland Joffé, director que comenzó con el listón muy alto gracias a esta y su siguiente película, La Misión, pero que fue perdiendo fuelle con el paso del tiempo (Es producto y director de la adaptación del videojuego Super Mario bros.).
El actor Haing S. Ngor, que interpreta a Pran, ganó el oscar al mejor secundario por su estupenda actuación en este film. El caso es que él no era actor profesional, sin embargo, la historia de su vida lo hacía ideal para el puesto; cuando ocurrieron los sucesos que se narran en el film, él era médico y terminó encerrado en uno de los campos de la muerte durante cuatro años. Cuando salió, logró llegar a Estados unidos, sin embargo, no le validaban su título de medicina, por lo que no podía ejercer su profesión. Sin embargo, la suerte estuvo de su lado cuando poco después conoció al director de cine, el cual le ofreció el papel al conocer su biografía.
Pese a la vida de este actor, la película se basa en el reportaje escrito por el periodista norteamericano  Sydney 'Syd' Schanberg, titulado The Death and Life of Dith Pran: A Story of Cambodia.






La música:

- Mike Oldfield: guitarras, sintes, fairlight computer
- David Bedford: arreglos corales y Orquestales
- Preston Heyman: percusión oriental en “Blood suckimg”
- Morris Pert: percusión en “Etude”
- Orchestra of the Bavarian State Opera & Tölzer Boys Choir

Obviamente, si hablamos de la película Los gritos del silencio por aquí, es debido a que su música estuvo compuesta por Mike Oldfield. Destaqué ya en la biografía del de Reading su interés por mezclar imagen y video, el cual durante la revolución del video en los 80, le permitió hacer sus pinitos y experimentos en este campo a modo de videoclips. Por tanto, la posibilidad de trabajar en el medio cinematográfico era algo que creemos deseaba con ansia, por lo que no dejo escapar esta oportunidad.
Sin embargo pronto descubrió que hacer música para el cine no era tarea fácil, y que si los John Williams, Jerry Goldsmiths y cía. eran profesionales de este medio, era por algo más que crear música. Incluso si comparamos a Oldfield con otros músicos “populares” que en algún momento se dedicaron a las melodías de cine, por ejemplo Jean Michel Jarre o Vangelis, vemos como el guitarrista seguía en desventaja; en el caso del francés, este cuenta con sus estudios de conservatorio además de un padre llamado Maurice Jarre, en el caso del griego, este se curtió (y bastante) componiendo para televisión.
Pero Mike no es una persona que se amedrente, y mucho menos que haga las cosas como “las hacen los demás”. Los dos principales problemas de cara a la composición de la música venían; por un lado de las exigencias del director y del productor, David Puttnam, amigo de Richard Branson, con lo cual, las conexiones son obvias. El otro problema sería como conjugar el film con el score que Mike Oldfield iba componiendo. Para esto último parece ser que, como ya apuntaba hace un momento, Mike hizo las cosas a su manera y se hizo instalar en su estudio en Suiza un sincronizador de video conectado al Fairlight CMI.


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Las exigencias de director y productor hacen que tenga que reclamar ayuda de su amigo el gran David Bedford, el cual compone incluso, una de las piezas, “Year Zero”. En mi opinión, escuchando la música de The Killing Fields, da la impresión de que Roland Joffè quería contar desde un principio con el maestro Ennio Morricone, el cual sí compondría la magistral partitura de su siguiente film, La Misión, puesto que algunos arreglos corales y orquestales, e incluso la música más “incidental” o “ambiental” recuerdan a giros característicos del compositor italiano.
Otro problema fue adaptar de nuevo la música a los recortes de última hora que el director había realizado a última hora. Todos estos factores fueron en gran parte los que desmotivaron a Mike Oldfield de seguir componiendo para el cine, pero realmente, lo que Oldfield veía como problemas, es el día a día de cualquier compositor profesional de scores cinematográficos. Lo que sí podemos intuir es una gran presión sobre el músico, ya que además de todo lo expuesto, el guitarrista se encontraba también sumergido en la grabación de Discovery y tenía firmado un contrato para una gira europea de unos 50 conciertos.
Pero si bien, quizá la fusión entre música e imagen no fue todo lo perfecta que pudo ser (el quinto beatle George Martin, le comentó a Mike Oldfield que había varios errores de “timing”), musicalmente estamos ante una gran obra, que injustamente suele pasar desapercibida, incluso entre los seguidores del músico.
En primer lugar, es un contraste más que notable respecto a su otro disco editado el mismo año, Discovery, que como bien apuntaba Anin Jadas en su reseña, ya no es un disco de transición sino el cambio hacia el pop hecho realidad. Sin embargo The killing fields le permite de nuevo crear una obra sinfónica, empapada de elementos oldfieldianos que paso a detallar brevemente:
-   En primer lugar, el sinfonismo y los arreglos corales, ayudado, como en los mejores tiempos, por David Bedford. Destacan en este  sentido las dos piezas que abren el disco; “Pran´s theme” y el grandioso “Réquiem for a city”, cuyas melodías se utlizarán también como leit motivs recurrentes en diversas variaciones a lo largo de la obra.
-   El minimalismo; ejemplificado perfectamente en “evacuation”.
-   Las nuevas tecnologías al servicio de la música; o dicho de otro modo, la música electrónica con la utilización de sintetizadores, y el mítico fairlight, donde destacaré el tema “Pran´s departure”
-   La superposición de capas hasta crear un conjunto sinfónico, en la mejor tradición de sus cuatro primeros discos, solo que aquí lo hace en piezas de menos de dos minutos. Escuchad “Good news”, a mi al menos, me parece toda una joyita.
-   Utilización de elementos étnicos, no solo de la cultura camboyana, sino de la cultura asiática en general. Destaquemos “Blood sucking” con la participación del músico Preston Heyman, donde tradición y electrónica se dan la mano, aunque se trate de una pieza de carácter ambiental y siniestra.
-   Adaptación de temas tradicionales o clásicos; en esta ocasión, realiza una magnífica adaptación de “Recuerdos de la Alambra” del maestro Tárrega, rebautizada como “Etude”, donde consigue "orientalizar" la pieza clásica.

En fin, en mi opinión son demasiados elementos interesantes como para que esta obra pase desapercibida.
En mi opinión, incluso podríamos considerarlo un disco bisagra que “abre las puertas” a algunos de los discos más interesantes que publicaría en el futuro: elementos de Amarok, las estructuras sinfónicas de la pieza “mont St Michel” o el disco Music of the Spheres e incluso el concepto audiovisual de carácter electrónico que es The songs of distant earth... Bueno, vale, está bien, y de cosas menos acertadas como esa horrorosa, espantosa y bochornosa adaptación que hizo de “romance anónimo” (conocido como “Juegos Prohibidos” en la interpretación del maestro Narciso Yepes).
Mención aparte el tema compuesto por David Bedford, “The year zero”, una miniatura musical que no desentonaría por ejemplo en el Atmospheres de György Ligeti. En realidad “The year zero”, “Blood sucking” , “The year zero 2”  y “Pran´s scape/The killing fields” conformarían una pequeña suite influenciada por la música académica de la segunda mitad del siglo XX europeo.
En el ámbito emocional, la música de Mike Oldfield logra transmitir prácticamente lo que la historia nos cuenta; nos transmite la emoción y épica de las vivencias de Syd y Pran, así como la grandeza de su amistad. Y nos sobrecoge e inquieta cuando la historia nos habla de los momentos más duros.
Y nada más, ni nada menos. Os recomiendo a todos aquellos que no hayáis tenido la oportunidad que veáis la película, merece la pena, como también merece la pena, reivindicar un poquito más, esta obra musical, al menos en lo que se refiere a la trayectoria de Mike Oldfield.



Lo que nos cuentan los protas... y en español.


Javier Feijoo 
Aún a riesgo de ganarme el baneo (aunque no sería merecido, pues nunca he dado ningún problema  :inocente:), quiero dedicar la reseña a toda la gente que a lo largo de la historia ha tenido que sufrir penalidades que en nuestro estado de bienestar no podemos ni imaginar, por culpa de un gran puñado de imbéciles. Ánimo y fuerza, ellos son menos y no entienden ni de amistad, ni de valores, ni de fuerza de voluntad.






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