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Miércoles, 04 de Mayo de 2011 14:31

Mike Oldfield - Crises (1983)

por  hemispheres
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Mike Oldfield: voz, guitarras, teclados, samplers, ordenadores, percusiones, bajos, piano, arpa, mandolina, farfisa, banjo, pandereta.
Maggie Reilly: voz en Moonlight Shadow y Foreign Affair.
Jon Anderson: voz en In High Places.
Roger Chapman: voz en Shadow on the Wall.
Colaboradores: Simon Philips (percusiones), Phil Spaldin (bajo), Rick Fenn (guitarra), Pierre Moerlen (vibráfono).




Ya la maravillosa portada del disco, elaborada por el artista Terry Illot e inspirada en un cuadro del propio autor que cautivó profundamente a Oldfield, profetiza un disco de enigmática y recóndita belleza, la de ese hombre ensimismado ante la noctámbula inmensidad del piélago, en medio del cual se asienta un extenso rascacielos bajo la atenta e incandescente mirada de la Luna Llena, pareciendo buscar en su contemplación una respuesta que pueda aliviar a sus profundas y solitarias cavilaciones.

Crises supone para Mike Oldfield  su octavo disco de estudio, han pasado 10 años desde la publicación del impactante Tubular Bells, y desde su irrupción en el mundo de la música, el británico ha sorprendido a propios y a extraños con su peculiar e idiosincrático sonido,  esperándose con relativa expectación que deparará Crises. A efectos meramente estadísticos apuntamos lo siguiente: Crises está compuesto íntegramente por Mike Oldfield, únicamente colaboran en las letras Jon Anderson en In high places y Maggie Really en Foreign Affair. Es el primer disco en el que  Simon Phillips interviene como coproductor, en el que también toca la batería. En este disco, Mike utiliza a tres vocalistas que  fueron Jon Anderson de Yes (In high places) y Roger Chapman de Family (en Shadow On The Wall), así como la imprescindible Maggie Reilly (Moonlight Shadow y Foreign Affair). En la guitarra, un exmiembro de la banda 10cc,  el ingles Rick Fenn. En la batería, como se ha mencionado anteriormente, está Simon Phillips, quien en 1976, junto a Phil Manzanera y Brian Eno integran la banda 801. Por último, tenemos al señor Phil Spalding en el bajo, quien cuenta con una serie de presentaciones al lado de personajes como Elton John y M. Jagger, y en el vibráfono a Pierre Moerlen, teclista del grupo Gong. El tema que más repercusión tuvo fue Moonlight Shadow, cantada por Maggie Reilly, que fue entendida por todos como un tributo al por aquel entonces recientemente fallecido John Lennon, y que se convirtió en el single de más éxito de Mike desde que se editara Portsmouth siete años antes, aunque después el propio intérprete matizaría esta afirmación, no siendo totalmente cierta.

La fórmula en la construcción musical de este disco se basó en un tema largo, complejo, rico en matices y detalles musicales, de esos que están concebidos para los amantes del rock sinfónico-progresivo, con una duración superior a los 20 minutos: Crises el que da nombre al disco, y cuatro temas cortos: un tema instrumental, y el resto temas  más comerciales, pero realizados y ejecutados impecablemente por su creador y resto de acompañantes aunque éstos no respondan a los patrones arquetípicos del rock progresivo propiamente dicho, pero que rebosan destellos y guiños que hacen fácilmente reconocible la mejor esencia oldfieldiana.  Ya en su disco anterior, Five Miles Out, crea una estructura distinta en la forma de gestación de un álbum, con respecto a sus discos predecesores. Un tema instrumental por una cara y varios temas cortos para la segunda, con hit-single incluido (Family Man fue el gran éxito anterior). Uno de los aspectos más llamativos en el plano puramente musical consiste en una mayor contundencia  en el sonido de la guitarra y en la base rítmica, y es que el propio Mike, admite en una entrevista que aparece en el propio libreto del disco influencias del Heavy Metal en su música "Siempre me ha gustado lo que ahora llaman heavy metal" dice Oldfield, "Nosotros simplemente lo llamábamos rock. Para mí, es una música muy emocionante y realmente me lo paso bien al tocarla". No olvidemos, que estamos en 1983, es la época de auténtica eclosión del  Heavy Metal, de hecho, en Inglaterra existe una gran efervescencia de dicha tendencia musical en lo que se denominó NEW WAVE OF BRITISH HEAVY METAL, en una muestra más de la heterogeneidad musical del autor, quien no rechaza indagar en diferentes propuestas  musicales para enriquecer la propia.

Se aprecia ese sonido más endurecido en los directos de la gira del disco y que sirvieron para  conmemorar el décimo aniversario de Tubular Bells, entre ellos el memorable del 22 de julio de 1983 en Wembley, así lo pude comprobar cuando lo escuché por cortesía de nuestro amigo Fran (gracias, una vez más), un concierto con un gran repertorio lleno de poderío y tenacidad. También parece ser fueron antológicos los conciertos que dio Mike Oldfield en esa gira en nuestro país, sobretodo el de Bilbao del que he leído crónicas que califican como  apoteósico el directo ofrecido en la capital vizcaína. De hecho, así se puede intuir por las fotos que voy a dejar colgadas de ese directo en esta reseña.

Resulta, igualmente destacable, la gran variedad de sintetizadores que Oldfield utiliza en este disco, en especial el Fairlight, y que son usados a lo largo del transcurso del disco con gran acierto y sabiduría, circunstancia que ya no sucederá, en mi modesta opinión, en sus discos posteriores.


Concierto de Bilbao


Este cambio en la concepción creadora de los álbumes parece que se dio por las presiones discográficas pues Virgin quería que el genio inglés apostara por una línea más cercana al pop/rock comercial mitigando  su vertiente más innovadora y artística, esa vertiente en la que puede expresar con total libertad todas sus inquietudes musicales sin encorsetamiento alguno, todo ello, debido a una relación contractual, como llamamos los leguleyos, “draconiana”, o dicho de otra forma, supeditada a la tiranía de la empresa discográfica. Pese a todo, entiendo que Mike Oldfield realizó un gran disco que a continuación pasamos a explorar:

CRISES


Como se ha comentado en el inicio de esta reseña Crises, el  tema que abre este disco y que da título al mismo, es el que en un plano estrictamente musical posee, como los buenos vinos,  “denominación de origen Oldfield”. Estamos hablando de un tema extenso, laberíntico, ataviado de arreglos, detalles, combinaciones, tan comunes en el rock progresivo-sinfónico y en la música del propio Mike,  con varias partes fuertemente diferenciadas constituyendo en sí mismas el armazón de la propia canción.

La primera parte evoca en cierta medida el comienzo de Tubular Bells, con ese sonido de teclados minimalista tan característico del autor creando una melodía cohesionada, bonita y amable, perfectamente orquestada, en la que  sigilosamente va apareciendo el sonido cristalino de la guitarra que gradualmente va tomando mayor protagonismo, así como también el de la batería.

De repente, cesa esa música... apareciendo un nuevo sonido: un delicado y tenue punteo de guitarra, para en unos segundos, ese dócil punteo distorsionarse de tal forma que sobre el alma de la canción trascienda un arraigado sentimiento de blues, con un fraseo lánguido e intenso, lleno de  feeling, llegando incluso  a endurecerse tanto que parece convertirse en un riff netamente heavy. El desarrollo que hasta el momento tiene el tema hace pensar que  éste va a ser íntegramente instrumental, pero no es así... porque Oldfield es un embaucador musical, nos está engañando, seduciéndonos en sus encantamientos sonoros..., y en ese momento irrumpe su voz  cantando: “Crises, crises, you can't get away...” Asimismo, se van doblando las guitarras, apareciendo hasta en algún momento cuatro pistas diferentes de guitarra de fondo y superponiéndose las unas a las otras en ese firmamento blusero en el que nos encontramos.

Acto seguido, empieza una tercera parte que se caracteriza por la vuelta al sonido enérgico del sintetizador y los teclados, acompañados de la percusión, aderezados por un punteo de guitarra que lentamente va adquiriendo mayor presencia sobre los primeros.

Nuevamente, la canción sufre otra alteración, estamos ante su parte más progresiva.  Hay un cambio sustancial en la melodía de la guitarra intercalándose la voz de Mike, retomando la estrofa de “crises, crises...” que repite una y otra vez continuamente, unido a unos pasajes guitarrísticos llenos de brío.

El tema sigue avanzando y nos encontramos con otra repentina variación... de la nada surge una voz lejana y susurrante flanqueadada de una apacible melodía de guitarra, muy bien apoyada por la percusión... paulatinamente el sonido de la guitarra se va acentuando y la voz de Oldfield retumba como si de un eco se tratara.

Nos estamos adentrando ya en la parte final de este primer tema, cuando se apropia de la canción un sonido suntuoso de sintetizador..., ipso facto la guitarra reproduce la misma melodía, tanto la acústica como la eléctrica, se trata en mi opinión de la parte más bella y sensual, con unos fastuosos solos de guitarra que se solapan a los teclados.

La última de las partes consta de una melodía ya escuchada anteriormente que imita ese sonido de sintetizador tan típicamente oldfieldiano, apareciendo la batería de una forma muy ligera, arropado por unos teclados orquestados que se van entrelazando hasta casi el final de la canción, mientras  la guitarra tierna y apaciblemente se va inmiscuyendo en el corte, también la percusión dotando de mayor consistencia el epílogo de este tema, concluyendo con la leve soledad del sintetizador.

En la fase de investigación documental para realizar esta  reseña, leí una crítica sobre este disco en el que se le definía como un álbum  de “pop progresivo” puesto que en él se fusiona lo complejo y lo sencillo, lo abrupto y lo diáfano, lo lúgubre y lo luminoso... en una lucha de contrarios íntimamente unidos como si del ying y el yang estuviésemos hablando.... Sinceramente, comparto en gran medida este comentario, siendo este tema el más fiel exponente de ello, en Crises emerge ese universo musical repleto de claroscuros, de ambivalencias, y que parece invocarnos a sumergirnos en la magia de lo esotérico y lo desconocido, como la de ese vigilante que aparece en la portada observando detenidamente la torre ("the watching and the tower"), esperando hora tras hora... pero ¿qué misterio encierra su soledad?... ¿qué espera?, ¿qué siente?, ¿qué piensa?... como diría Hamlet: "Eh aquí la cuestión"

MOONLIGHT SHADOW




Posiblemente el tema a nivel comercial más conocido de Mike Oldfield, y no por ello el más desdeñable, sino más bien todo lo contrario, pues se trata de una maravillosa canción, su estructura es muy simple, pero cuenta con un prodigio, con un milagro: la voz de Maggie Reilly, escoltada por los teclados, por la guitarra acústica en las partes rítmicas, apareciendo también la eléctrica en la solista, pero es la hermosísima voz de la cantante escocesa, que parece extraída no sé si... de un cuento de hadas, de un mito, o de un coro angelical, la que se convierte en el corazón de la canción. Los admiradores del rock sinfónico creo que valoramos más sus otras composiciones, esas en las que vislumbramos una mayor ansiedad creativa, pero resulta imposible negar la imperativa belleza de esta canción.

En el apartado anécdotico, sobre esta canción corrió el rumor sobre si la misma se había inspirado en el asesinato de John Lennon, cosa  que Mike Oldfield no llegó a desmentir categóricamente en una de sus entrevistas manifestando que “En realidad no… bueno, tal vez, cuando la reviso, quizá lo fuese. Efectivamente llegué a Nueva York aquella terrible noche en la que le dispararon y me había quedado en la sede de Virgin Records en la Calle Perry, que está a unas cuantas manzanas calle abajo del Edificio Dakota donde ocurrió, así que aquello probablemente se hundió en mi subconsciente. Originalmente fue inspirada por una película que me gustaba – `Houdini´, protagonizada por Tony Curtis, que trataba acerca de los intentos por contactar con Houdini después de que hubiera muerto, a través del espiritismo… en su origen fue una canción influida por esto, pero muchas otras cosas debieron de introducirse en ella sin que me diese cuenta.”

IN HIGH PLACES.


Resulta inconfundible la voz de Jon Anderson de los míticos Yes al comienzo de esta canción, constituyendo la melodía de su voz el principal soporte de la misma, pues su voz reverbera a lo largo de todo el tema, junto a unos teclados siderales y un vibráfono espacial conducido por Pierre Moerlen que hacen exhalar a la canción una aureola fantástico-futurista. Se ha de señalar la nula participación de la guitarra de Mike Oldfield.

FOREIGN AFFAIR.



Unos teclados sedantes que se unen a la cálida voz de Maggie Reilly forman el inicio del corte musical, parece que estemos inmersos en lo más profundo de un sueño... aparecen  suavemente unos sintetizadores ambientales que enfatizan el carácter onírico  de la canción, y entre ellos, nuevamente se alza, como si del majestuoso vuelo de un cisne se tratase, el celestial y divino canto de la escocesa. Al igual que en [i]Moonlight shadow[/i] toda la espiritualidad de la canción descansa en el timbre de voz de la intérprete.

TAURUS 3.

Taurus 3 cierra la trilogía que se inició en Q2K con Taurus 1, prosiguió en Five Miles Out con Taurus 2, y que culmina ahora en Crises, si bien ésta última es bastante más corta que las anteriores, y que así denominó el británico debido a su signo zodiacal: tauro.  ¿Qué puedo decir de este tema? Pues que Oldfield en su faceta de músico-alquimista, fruto de un conjuro, concibe una melodía risueña, vitalista, repleta de esplendor, y que destila al unísono aromas folk, clásicos, flamencos... utilizando varios tipos de guitarras,  y una mandolina, acompañada en la primera parte de una liviana base rítmica  pero que en la medida que nos adentramos en el núcleo y desenlace del tema se alternan momentos vigorosos en la percusión con otros en los que súbitamente se da paso a la dulce y embriagadora fragancia melódica de la  guitarra erigiéndose en uno de los pasajes más brillantes y hermosos de todo el disco.


SHADOW ON THE WALL




Tema genuinamente rockero, en ese acercamiento al hard rock del que hemos hablado en el principio, pleno de vivacidad y energía,  entre otras cosas, debido al acierto en la elección por parte de Mike Oldfield en el vocalista Roger Chapman, al que nunca antes yo había oído. Este cantante posee una voz desgarrada y rota, en conclusión, una voz nacida para el rock más añejo, y si a ello le añadimos, tal y como hace Oldfield, un sonido guitarrero de corte rockero el resultado no puede ser más satisfactorio. La entrada de la guitarra ya es un claro indicio de todo lo vaticinado, así como las primeras voces del vocalista pronunciando "Shadow on the wall" repetidas veces. La estructura de la canción es muy sencilla, no posee ninguna complejidad técnica, está concebida como una canción pegadiza, de estribillo fácil, pero bien confeccionada, a fin de que lo simple no pueda confundirse con lo chabacano, por ello cumple su cometido perfectamente. La voz de Chapman está perfectamente cobijada por la guitarra de Oldfield, en la que únicamente echo en falta un solo aguerrido de guitarra que termine de completar ese dinamismo del que hemos hablado inicialmente. Asimismo, hay que destacar la parca presencia de los teclados en esta canción. Existe una versión casi el doble de larga y algo más espectacular que podemos encontrar en algunos recopilatorios como The Complete o The Platinum Collection. La letra de la canción tiene un marcado contenido político pues retrata la pugna que mantuvieron los trabajadores y sindicalistas polacos contra el sistema soviético.



Crises fue el primer disco que escuché de Mike Oldfield, hace más de 14 años, y fue, al mismo tiempo, mi primer escarceo con el rock sinfónico, por aquel entonces mi menú musical se basaba prácticamente en rock duro o heavy metal, mis oídos a excepción de música clásica, no escuchaban otra cosa que no fuera Iron Maiden, Helloween, Blind Guardian y sucedáneos y fue mediante mi hermano a quien le regalaron este disco cuando conocí a este artista. Había escuchado hasta la saciedad Moonlight Shadow y sentí la imperiosa curiosidad de escuchar el disco que incluía esa canción. ¡Bendita curiosidad! Ese fue el primer paso en mi búsqueda de nuevos horizontes musicales que sentía debía explorar. Años más tarde, adquirí mi primer móvil, y al igual que un niño con zapatos nuevos, la primera melodía que configuré como tono de llamada fue la de Moonlight Shadow, cosa que puede parecer trivial, pero por trivial que parezca, nunca lo olvidaré. Poco a poco fui adentrándome en el resto de su discografía, para en estos momentos y como consecuencia de la elaboración de esta reseña vuelvo, después de muchos años, a escuchar y, por ende, a redescubrir los discos del inglés,  y digo redescubrir porque cada nueva escucha te da algo más que la anterior.

Concierto de Bilbao

Haciendo un pequeño balance de lo que este álbum  significa, considero que Crises es un disco que sin llegar a las cumbres musicales de los primeros discos que hicieron único el sonido Oldfield, muestra un cierto punto de inflexión en su carrera musical, circunstancia que ya se atisbó en Five Miles Out, pues hay una notable alteración en la confección creativa de sus obras, en principio debido a las directrices discográficas, observamos a un Mike Oldfield musicalmente bicéfalo, por un lado, tenemos al Oldfield músico innovador, arriesgado, capaz de engendrar temas como Crises, y por otro lado, un músico más comercial dirigido a los hit parade con Moonlight Shadow, aunque sin perder sus señas de identidad, pero resultando innegable un más que patente cambio en su proceso creativo.

En la dicotomía que subyace entre el Mike Oldfield músico-visceral y el Mike Oldfield músico-comercial  “por exigencias del guión”, sin lugar a dudas, prefiero al primero de ellos, como supongo que muchos de vosotros, a ese prestidigitador e ilusionista musical que como un Flautista de Hammelin nos hipnotiza en fascinantes melodías, a ese iconoclasta que nos conmocionó con sus campanas tubulares. Por ello admiro al Oldfield que da rienda suelta a su  ingenio musical, y éste fluye espontáneamente como el agua de un manantial, pero claro... esta es la aspiración idealizada del “yo oyente”, que choca contra la cruda realidad de los magnates empresariales y de las multinacionales discográficas y ya sabeís eso de “business are business” , pero esto, queridos amigos... es harina de otro costal.
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