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Miércoles, 13 de Abril de 2011 19:01

Mike Oldfield - Platinum - 1979

por  Gil
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ESQUELETOS DE METAL. LA FORMA DE PLATINUM

Rápida y bruscamente entra el teclado tras pulsar play, ansioso por comenzar, desbocado en caída libre. Es sin duda el comienzo más enérgico y violento de los discos de Oldfield hasta la fecha, 1979, Tubular Bells, Hergest Ridge, Ommadown, Incantations, el mayor. Pero es cierto, mantiene un equivalente estructural con el primero, una introducción a teclado, con una secuencia a la que posteriormente se le van sumando otros instrumentos, aquí, tras esa rápida introducción vemos cómo la impulsa una línea que yo diría de guitarra, pues así se presenta en los conciertos en vivo, pero con una sonoridad muy cercana al bajo, además, muy percusiva, manteniéndolo en la monotonía salvo un par de destellos de notas más agudas que rompen, dando ese componente impulsivo, hasta que al fin, una vez acompañados por las, también, agudas sonoridades de otro teclado, las cuerdas de la guitarras se mueven velozmente, y en expansión, salta el tema hasta la convulsión que supone una nueva línea de guitarra, un choque frontal con distorsión.

Pero volviendo a la identidad estructural, ambos dos guardan la misma secuencia de partes entre sí indisolubles, cercados los fragmentos unos con otros, cada cual de identidad propia, con una pregunta común, el por qué y el cómo de todos esos vaivenes musicales. Con una línea podríamos trazar la curva que llega hasta éste, el Tubular Bells, y vuelve a Platinum cerrando etapa; Platinum es un corolario de Tubular Bells, el equivalente en preocupaciones, todo esto se reduce a una reflexión de Oldfield conforme a su propio lenguaje, el broche de cierre. Después de éste, los discos siguientes se dedicarán a otras cuestiones, enfatizar lo más característico del los lenguajes empleados en toda esta etapa para repetirlos, y reconvertirlos a otros formatos, con razones que no vienen al caso, pero esa búsqueda se acaba.

La preocupación por el lenguaje distingue a la evolución de Oldfield por sus acercamientos en unos discos y en otros a fórmulas y sonoridades distintas, esas que toma de aquí y allá, particularizando en cada uno de los discos. En el primero se da la cuestión sobre el propio uso del lenguaje, y va acompañado a la preocupación de encontrar el sonido, ¿qué podemos hacer? Esa es la pregunta llevada a cabo en la primera parte del Tubular Bells, como luego lo será en el Platinum. Tras Hergest Ridge y Ommadown llegó el Incantations con una vuelta de tuerca, más repeticiones, más bucles, más círculos concéntricos. La toma de Incantations por un lenguaje definido es la última apuesta de Oldfield hasta el momento por darse un lenguaje propio, un estilo, tras los dos experimentos anteriores, y, como digo, en Platinum se vuelve a la base, a la cuestión del qué del lenguaje, del cómo del lenguaje.

International Musician
Mike Oldfield haciendo el imbécil. Según dicen contenía una entrevista en la que hablaba de su nueva obra, [i]Platinum[/i], desafortunadamente no he podido encontrarla.

No quiero decir que Platinum sea un disco fantasmal, pero sí está lleno de abismos y barrancos, fosas que separan unas y otras partes de la composición señalando su componente fragmentario. Al paso del tiempo asistimos a un desgarramiento de los ropajes, van cayendo al suelo, siendo esos escombros el disco, piel muerta, una crisálida vacía. La principal diferencia con Tubular Bells, mientras éste tiene una preocupación real, Platinum parece el resultado del fin de ciclo, aún con sus varias versiones, asistimos a algo irreal; mientras Tubular Bells tiende a lo concreto, de la mano de una mayor variación y, tal vez, de una frescura  juvenil, se pinta en un sentido creativo distinto; Platinum sería el dibujo en la arena de la ola de impulso.

La estructura en bloques es ese común denominador entre Tubular Bells y Platinum, esos contenidos estancos:
Pero un momento, me gustaría decir: Si es que alguien el comienzo no le parece enérgico o brusco, le invito a que escuche directos varios, donde enfatizando la fuerza imprimida a los teclados, aumenta la sensación de velocidad, Tokyo, el mejor ejemplo. Me parece una gran forma de empezar el disco.

1.    El primer momento de altura hacia el minuto 1:35 cuando tras la melodía que arrastrábamos en el principio se desgarra con una guitarra distorsionada, momento en el que ya entran el vibráfono o marimba, pues no los sabría distinguir muy bien. Hay que decir que el vibráfono, supongámoslo así, aparece antes en algunas actuaciones, acompañando a la guitarra en el momento álgido que presenta al brusco cambio, como en la en viena, gira del ’80. Pero en otros incluso entra antes, acompañando a la primera guitarra baja, enlazando ambas en un mismo movimiento, Cologone ’82, o también en Viareggio ’84, donde el aumento de sonidos dulcificados empapa todo el comienzo. Con lo que, viendo, parece que con el tiempo se relaja el pulso entre las secciones, llenando el vacío intermedio, algo que inhibe al disco en su, diré, concepción original. Pero de todas formas, ante experiencias previas, podríamos haber estado advertidos, pues también en representaciones de Tubular Bells se tiende a la unión entre las partes, pretendiendo dar un sentido de unidad que no queda en la grabación del disco, totalmente intencional, si continuamos con el caso Tubular Bells, con las maquetas anteriores, dando cuenta de la intención de dar esos fragmentos aislados unos de otros; con el tiempo, Oldfield los va dulcificando.

2.    Y el segundo poco después, 2:29. La guitarra cambia, y todo a su alrededor, ya de melodía, tras permitirse un pequeño bache, continua esta nueva sección. Hay que prestar a tención a que es en esta primera parte del Platinum “Airbone” donde más cambios internos se producen, la serie de abismos son aquí pequeños, pero continuados durante todo su recorrido. En los directos, los hay que introducen, sobretodo en el ’80 u ’82, una voz a lo largo de ésta y la siguiente sección, pero nada a destacar, como será luego.

3.    3:00: La guitarra como protagonista en tono ascendente y oscilante, ayudada por el sintetizador con sonidos en alza la dirige a una nueva distorsión fragmentaria, pues aquí parecen advenir los cambios siembre que se adviene, pero no es un cambio real, sino una falsa alarma para el 4:00.

4.    Donde bruscamente, y sin contemplación vuele el vibráfono en carácter de líder que pronto y de nuevo suplantará la guitarra, quedando como base a los despuntes de ésta. Es la sección más cíclica a la que se añadirá en la progresión el teclado, ahondando en los destellos lumínicos hasta que la oscuridad del foso en la caída libre del comienzo nos precipita hasta la nueva sección, de nombre, “Platinum”.

5.    Al final aquella sonoridades se encierran y ahogan a sí mimas, si no es un carácter de los más profundos lugares no es nada. Y desde el primer segundo tiende al alza la, de nuevo, protagonista guitarra, en una repetición tras otra, de la línea melódica principal, decidiéndose por otra, con la misma estructura para el 6:09, todo esto es la escalada desde lo más profundo a lo que “Airbone” nos había llevado. Al rato, unos teclados envolventes  acompañaran al ascenso, por lo demás, una sección rítmica sencilla y austera cumplirá el papel de base. Sin embargo es distinto en directo, por ejemplo en Montreux, 1981, la línea melódica de la guitarra es compartida junto con la voz de Maggie Reilly, alternándose una y otra, aunque siempre con la misma melodía, cuando Oldfield no toma el protagonismo se dedica a apoyar al canto con otra línea distinta de guitarra. Así también en el concierto de Tokyo, ’82, donde es en este momento donde acaba el espacio para Platinum y se continúa con “Conflict” del QE2, como también en Colgone, en el mismo año. En otros, como en Dublin en el ’80 la voz es aquí acompañada también por un teclado con unos sonidos muy agudos y dulces a los que les acompañará una flauta. La guitarra abre y cierra la sección dejando a éstos otros tres elementos regodearse en el interior. Pero no es la única vez, si éste fue en mayo, un mes antes en Viena se empleó la misma estrategia, mismo tour, misma interpretation. Por otra parte, en Viareggio, ’84, la sección está eliminada, no hay nada de “Platinum” en Platinum, paradójicamente, aunque teniendo en cuenta que es la gira por Discovery...

6.    Que en los directos podrá en lazar luego con esta sección siguiente en el disco: Y cuando ya nada parecía cambiar llegamos a una explanada (7:47), una nueva melodía, acompañada, con la emersión los sonidos metálicos de los vientos, y de los vientos a las voces. La guitarra se perdió ya, dejando el protagonismo a la palabra perdida de estos coros sin significado alguno, hasta que, ya harto, la expresión de “basta ya”, que de repente provoca el siguiente cambio.

7.    Que no es este, sino el próximo;  de nuevo a la guitarra, en una pequeña sección con todo descontrolado, ella misma y los vientos se precipitan hacia “Charleston”.

8.    Y hablo de vientos, pero parecen tan sintetizados como el que al poco se les incorporará, recordando al comienzo del disco, una base. Se abandonan los vientos, para dar paso a un nuevo teclado de misma base, y luego otra línea, ahora de guitarra se le incorpora, y de nuevo, las voces, compañía de unos segundos, cambiadas por susurros, y vuelta a aparecer poco más tarde, gritos apagados y musicalizados. Con ahora, la guitarra con baja sonoridad. Es esta la que a mi juicio menos cambios recoge en las interpretaciones en directo de cualquier año, mantiene una similitud muy acusada.

9.    Vientos de nuevo, y la guitarra anterior, y…

10.    “North Star”. La versión de Oldfield del tema pensado por Philip Glass. Donde no hay voces únicamente y como base, pues aunque al principio se pensara así, se dejó el paso a las distintas guitarras. El tema está arreglado por Bedford. Comienza la entrada de bajo, a los que sinuosos los teclados se le unen, juanto al protagonismo que recoje la guitarra acustica, a la espalda del tema citan directamente la propia melodía de Glass. Todo en ascenso, con muy rítmicos sonidos, hacia nuevas cimas. Es cuando entonces entran, sí,  nuevos coros, que se alargan en suspensiones “i” “a” “o”.
Ya casi al final, el teclado con un acorde detiene el progreso, queda ahora espacio solo para las voces que cierran, diluyéndose en una nueva bajada. En Siegen, Alemania ’81, hay un mayor protagonismo a la guitarra, aquí las voces no importan para nada, quedan en un absoluto segundo plano, y el teclado machacón, siguiendo frases idénticas, ahora sí, ahora también, anulando cualquier recuerdo en esa escondida línea que quedaba al tema de Glass en concreto en el original; acabando, no en una disolución de las voces, del lenguaje, sino con un nudo de guitarra, esos tan predispuestos para los conciertos.
Por su lado, en Dublín ’80, las voces, introducidas las femeninas por otras masculinas, se dedican a gorgoritos varios, mientras una línea de saxo guía el tema hasta el final. Dublin es la versión descafeinada de Viena, siempre unidos. Pues la voz del hombre, fea, por cierto, en aquél, sería sustituda de la segunda cantanque que sí oímos en Viena. Con mucha más fuerza se desenvuelve aquí este juego de guitarras, saxo y voces, constriñéndose a cada paso cada vez más, y donde el final a pesar de ser con la guitarra no se cierra como en Dublín, sino que queda desangrándose con las voces entorno a ella, que sí la disuelven, que sí la sufren en el desaparecer de su existencia.
Como comentario final, no padeció fiebre Oldfield el día que decidió incluir un paralelismo a dos voces y en concreto masculino y femenino cuando lo hizo en vistas a los conciertos de la gira del ochenta, pues en el ’84, Donosti y Viareggio, encontramos esta misma idea puesta en práctica. No me parece destacable ninguno de los dos casos, incluso me choca que cierre de golpe el tema con la batería en Viareggio, pero en fin, esta es su música. Aunque se pasee correteando por el escenario de un lado para otro, flechas en mano, señalando a cada uno de sus compañeros:

Donosti '84


11.    El tema quedó desintegrado, la deconstrucción hará presencia efectiva en “Woodhedge”, el nuevo foso, pues no sólo los encontramos en la suite principal, sino que en todo el disco los seguimos recorriendo. Y este tema es la nueva sima.

No es momento de esperar más, hay que decirlo. Los pobres, tanto estadounidenses como canadienses, sufrieron la edición de Airbon, sustituto allí de la edición normal de Platinum. Qué contenía no es ningún misterio, “Guilty” en lugar de “Woodhedge”. Consiguiendo con esto la ruina del disco teniendo en cuenta la estructura del mismo, donde no son tanto temas separados como la necesaria exclusión entre todos, pues ya vemos que vía fosos, distancias y espacios inmensos entre cada tema y sus adyacentes, y cada parte, se expresa el disco, disco de contrastes. Además, añadía una versión de Tubular Bells “Parte 1ª” recogida de un concierto, con director de orquesta incluido, y un mix “todo en uno” de Incantations.

Ahora:
“Guilty” es un tema jabonoso, pomposo, ligero de tan vacio, frágil. Una superficie colorínchica, donde los colores aparecen, se mueven, mutan y cambian en el refrito de melodías que supone. Incantations suena aquí, pero mucho más “actualizado”, con un toque disco, y aún es peor cuando se tiene en cuenta que la cosa no iba a acabar ahí, pues para el mismo ’79 se tenía previsto una revisión de Tubular Bells en línea similar.

Airbon
Los colores de la portada americana retratan ese colorido de “Guilty”, nada que ver con el vacío de la portada original.



Sin embargo, no sólo se conforma con Incantations, Oldfield, aunque sí en la versión oficial, pero si echamos la vista hacia el concierto recogido con el nombre de [i]The Essential[/i], vemos cómo incluso se recoge a [i]Ommadown[/i], y al final del todo, Tubular Bells, el de la primera parte.
Aunque de ser sincero no todo me parece desastroso en el tema, es cierto. Por ejemplo, los coros, que en varias tres ocasiones aparecen tienen un sabor agradable y vital; veámoslo cantando:

Guilty
Guiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiilty


En The Essential tiene un momento que aunque muy comodoso está gracioso, con el saxo, y la guitarra desproporcionada de Oldfield, pero al fin emerge esa melodía de las campanas tubuares, decepcionando.

Haciendo un estúpido juego de palabras, “Guilty” es realmente culpable, culpable de parafrasear, de acercarse a fórmulas idas de la intención de la creación tan característica de Oldfield dando paso al sector decididamente comercial, o con vistas a ello; es un tema que rompe con la dinámica de la carrera expuesta en los discos anteriores y del Platinum mismo. Desde luego, se entiende que en la versión americana ocupara el lugar  de “Woodhenge”, se entiende completamente.

Por otro lado no quiero decir que “Woodhenge” sea un gran tema, y aunque acorde con las intenciones del álbum, la dialéctica del lenguaje en pro de lo básico, la reducción a los principios atómicos de la expresión musical, a pesar de que sea, tal vez la divisa más fuerte de la obra por tal concepto, no llega a alcanzar la fuerza con la que cierra la suite, ni con lo efectivos que resultan los siguientes temas, por lo que “Woodhenge” se reduce a un paréntesis, al exhalo de la suite acabada que ya se retira, consciente de su propio final con “North Star”. “Woodhenge” es de los fosos más oscuros y profundos de Platinum. Los sonidos percusivos, entre lo dulce y lo misterioso ahondan en lo fantasmal de esos parajes, el ritmo calmo, la guitarra etérea, todo se conjuga al final, con las campanas, los sonidos arenosos se materializa en un sonido opresivo, pero que, con todo,  se deja llevar, queda a la deriva; pero que quede claro, ni es malo, ni está fuera de lugar, el paréntesis es más un nexo de unión, su cuerpo vaporoso lo hace mezclarse con lo pasado y lo venidero, en tonalidades y sonidos, y así, como sin si quiera notarlo, nos encontramos en otra nueva cima, junto a Sally.

12.    Lo vaporeo nos abandona, una vez en la cima, de súbito. Sospechosamente se acerca un teclado, que de pronto se sustituye por otro más mecanico, rítmico, y oímos un “Sally” muy irónico allá por el fondo.

Montreux
Y Oldfield pone esta cara, también irónica.



Continuamos con unos coros, muy suaves, que se suponen casi sensuales. Y a ritmo lento, junto con los coros entra ya la voz cantante, “say goodby”, nos dice. Y así se va yendo, durante un buen rato nos saluda con la mano, a la misma distancia; cuando de repente, como unos vientos, de nuevo sonido altamente sintétizado, nos imbuye en un ambiente de carrusel con ese teclado tan resultón, y: “take my hand” mientras oímos, aún sin despegarse, esos “vientos”, ella nos promete que volverá.

13.    “Punkadiddle”, irrumpe entonces con toda la fuera que puede dar. Hemos superado la media altura de “Into Wonderland” hasta un nuevo pico. Velozmente avanza, también aquí, el teclado, y en el ascenso la ovación y el vértigo. Los coros, otro teclado más violento, con varias líneas de acción, y….

14.    El cambio es intencionado, la presentación alla punk de la guitarra, que no tarda en dejarse como base al teclado, que una y otra vez nos presenta la melodía, ajustándola y reajustándola con el tiempo. Los juegos entre las guitarra, distinta a aquella del principio, abandonada al ritmo seco y continuo de la batería, que con contrasta con la emoción y la ovación de un público decidido y entregado, nunca en el buen sentido. Y el movimiento entre la guitarra y el teclado, con todas las ovaciones, y así, y así, en repetición y variación. La flauta, el “hey”, y ahí sigue. Sin olvidarnos de nuestra ingenua guitarra del comienzo, que aunque envuelta se nos aparece con mayor protagonismo en pequeñas fracciones de segundo para recordarnos: ” aquí estoy yo”, aunque no haya nadie que le preste mucha atención. Cuando ya el cansancio aplaca la fiesta, y la flauta desaparece entre la vapuleada multitud.

15.    El último bloque: “I Got Rhythm”. Una melodía de piano a la que se unirá la voz, recordando al tema original sólo de tanto en tanto. Al rato, y tras un segundo de descanso, un teclado ascendente y descentende, se combina con la guitarra para dar más fuerza a la voz que de nuevo retoma ahora el papel protagonista. Suenan ahora las campanas que anuncian el final a cada golpe, se apaga la guitarra, disolviéndose recuperamos la soledad del piano, y así acaba Platinum.

“ONE AND A-ONE MAKE TWO”. COMUNICACIÓN EN PLATINUM.

Sería inútil hablar de Platinum si además no pusiéramos hincapié en su carácter comunicativo. Si podemos hablar de él como una reflexión acerca del propio lenguaje es posible si hablamos de él como combinación de partes distintas, que dialogan las unas con las otras a pesar de ser totalmente diferentes.

Y no es casual el lugar de surgimiento del disco. Oldfield viajó a Estados Unidos para el ’79 y fue grabado el disco en estudios de allí mismo, aunque también, luego, se finalizó en Gran Bretaña. Además encontramos un repertorio de músicos estadounidenses, lo que lleva a pensar en esa idea de comunicación.

Por ejemplo: Alan Schwartzberg, uno de los baterías. Neil Jason, al bajo. O el también bajista Hansford Rowe que conoció a Pierre Moerlen en un viaje de éste a Nueva York tras la disolución del primer Gong. También Francisco Centeno, el tercer bajista que participa en el disco.

Con más, el viaje de Oldfield a la costa estadounidense no sólo lo hizo acompañar de éstos músicos, sino que encontró ahí nuevas sonoridades que influirían en partes directamente reconocibles en Platinum, como son el Charleston que da nombre a la sección, o también el tema “I Got Rhythm”, del que no entiendo cómo pudo llegar ahí, pues no se parece en nada a las influencias demostradas de Oldfield en discos anteriores y que tampoco volverían a aparecer en la serie de discos siguientes. Lo que hace a Platinum aparecer como un disco perdido aún con su talante comunicativo, como dije al comienzo, se acerca a una realidad abstracta que lo sitúa en un espacio irreal.

“I Got Rhythm”, se trata de la versión del tema compuesto por George Gershwin. E interpretado por Ethel Merman en el contexto de un musical, Girl Crazy, de Broadway. El tema aplica Rhythm changes (no conozco la traducción castellana propia a este contexto) siendo de los primeros en utilizarlos.





El cómo y el por qué del interés de Oldfield por el tema no lo conozco, pero sí refleja el carácter propio del disco.

Y, cómo no, necesariamente debo referirme al tema de Philip Glass. La influencia llega más allá de la música, participando en la elaboración del disco con Oldfield gente que ya lo había hecho para Glass, Michael Riesman, y también Kurt Munkacsi. Es como se dice, Oldfield está tendiendo puentes en todas direcciones.





Todo este juego de voces e influencias no sólo afecta, externamente, pues el disco está recorrido de abajo a arriba por las secciones vocales por todo su recorrido, es el disco más coral de Oldfield sin ninguna duda. Y cuando haya quien refiera a las abundantes partes cantadas en Incantation, o con voz humana más bien, cuando alguien se refiera hacia él con las figuras de  Maddy Prior y H. W. Longfellow, yo le diré: Incantations se vuelca en la representación natural, de las fuerzas de la naturaleza, en los elementos que la componen, y si hubiera algo de qué hablar con el lenguaje de la palabra queda todo reservado para hablarla e interpretarla. La naturaleza es en Incantation el eje sobre el que todo gira, las abejas, que hacen la miel, los impresionantes estallidos musicales, emulando fuerzas de la naturaleza, el romanticismo del poema ante la grandeza natural, el pelícano, el ganso. Todo aquí refiere a ella, y el individuo no es más que una parte de suya, inseparable, cuya expresión se refiere a sus propias reglas.

Pero Platinum no está conforme, y cuestiona todo esto. Aquí las voces son las voces del hombre, aquí el lenguaje se utiliza para la comunicación entre todos, incluso los teclados en “Charleston”. Wendy Roberts pone aquí voz a la preocupación por la comunicación de Oldfield.

Y cómo no aún queda algo especial. “Sally”, el verdadero tema dedicado a su compañera, la de entonces, en el disco, tenido que cambiar por los criterios comerciales de Richard Branson. Cantada por el mismo Mike al otro lado del teléfono, una técnica que le gustará utilizar en diversas ocasiones más adelante.



Si la idea de comunicación aún no había quedado clara escuchemos la letra de la canción. No hay aquí remilguería como en “Into a Wonderland”. Es una expresión sincera, y graciosa para mayor valor, de la expresión de unión entre los dos seres. Nada de sentimentalismos, esto es serio. La expresión, la comunicación, el lenguaje y la unión son los valores de la canción,  del disco, un disco de relaciones abiertas, de juegos, incluso de fiestas, como el “Punkadiddle” refleja. La expresión natural queda desfasada, ni siquiera un mono de Manila me impedirá llamar a tu puerta; nos sumergimos en la dinámica de la comunicación en la modernidad, éste es el sentido de la reducción del lenguaje musical, del cuestionamiento por las formas de hablar, de la expresión de cada cual en el flujo a toda velocidad por la gran vía y las luces de esta gran ciudad. Platinum.
Gil

Gil

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