Inicio Revisiones A-Z O Mike Oldfield - Tubular Bells (1973)
Domingo, 13 de Marzo de 2011 15:23

Mike Oldfield - Tubular Bells (1973)

por  icrp1961
Valora este disco
(41 votos)
MIKE OLDFIELD - TUBULAR BELLS (1973)

Edición de 1973
01 - "Tubular Bells, Part 1" – 25:58
02 - "Tubular Bells, Part 2" – 23:20

Caja Ultimate de 2009 (3 CDs, 1 DVD y 1 Vinilo)

CD I
01 - "Tubular Bells Part One" (2009 stereo mix) - 25:58
02 - "Tubular Bells Part Two" (2009 stereo mix) - 23:20
03 - "Mike Oldfield's Single" - 3:53
04 - "Sailor's Hornpipe" (Vivian Stanshall version) - 2:48

CD II
01 - "Tubular Bells Part One" (1973 stereo mix)
02 - "Tubular Bells Part Two" (1973 stereo mix)

Bonus CD
Maqueta de 1971
01 - "Tubular Bells (long)" (demo) - 22:55
02 - "Caveman Lead-in" (demo) - 2:44
03 - "Caveman" (demo) - 5:06
04 - "Peace Demo A" (1971 demo) - 7:01
05 - "Peace Demo B" (1971 demo) - 4:22
Primera mezcla, provisional, de primavera de 1973
"Tubular Bells, Part One" (scrapped first mix Spring 1973) - 25:13

DVD
Audio:
01 - "Tubular Bells Part One" (5.1 surround mix)
02 - "Tubular Bells Part Two" (5.1 surround mix)
03 - "Mike Oldfield's Single" (5.1 surround mix)
04 - "Sailor's Hornpipe" (Vivian Stanshall version)
Vídeo:
01 - "BBC TV 2nd House Performance"

Vinilo
Cara A - "Tubular Bells, Part 1" – 25:58
Cara B - "Tubular Bells, Part 2" – 23:20

Todas la música fue escrita por Mike Oldfield excepto "Sailor's Hornpipe", tema tradicional arreglado por él.
Grabado entre el otoño de 1972 y la primavera de 1973 en los estudios The Manor siendo los ingenieros de sonido Simon Heyworth y Tom Newman. Las sesiones fueron producidas por Mike Oldfield, Simon Heyworth y Tom Newman.
El álbum fue publicado el 25 de mayo de 1973, como primera referencia (V2001) del sello Virgin records. Reeditado en 2009 por el sello Mercury.

Mike Oldfield: todos los instrumentos y voces excepto lo tocado por los siguientes artistas:
Vivian Stanshall – maestro de ceremonias.
Mundy Ellis – voces.
Sally Oldfield – voces.
Lindsay Cooper – oboe (en "Mike Oldfield's Single").
Jon Field – flautas.
Lindsay L. Cooper – contrabajos.
Steve Broughton – percusión.


Saarijärvi

Una pregunta razonable sería cuestionarnos cómo abordar un álbum mítico, realmente importante, y no acabar coleccionando tópicos. Es muy complicado. Además, este disco llegó pronto a nuestra vida y la afectó en grado superlativo y eso mismo es lo que nos disponemos a explicar. Nosotros nos convertimos en oyentes activos en 1975 cuando nos encontrábamos en el camino de cumplir catorce años de edad. Previamente a ello sólo escuchábamos la música que se ponía en casa y ésta era música clásica. En el verano de 1974 pasamos unos días en Saarijärvi, una pequeña población de Finlandia central. Nos alojamos en casa de una amiga de nuestra madre, paisana de su ciudad natal en Carelia. El asunto es que esta mujer era la jefa de la biblioteca municipal así que allí nos fuimos y escuchamos algunos discos. Por curiosidad, conocimos los dobles rojo y azul de The Beatles que devoramos con cierta intensidad. Aunque nunca hemos sido fans o seguidores del grupo de Liverpool aquellas audiciones plantaron una semilla en nuestra psique. Un poco más adelante, en el tránsito académico hacia 1975, resultó que había compañeros de clase que también escuchaban discos o que incluso sabían tocar un poco la guitarra. Pablo era el orgulloso poseedor del Made in Japan e iba a serlo del triple en directo de ELP; con lo cual empezó el inoculo del “veneno” en nosotros. Pero fue a través de Juan Carlos, creemos, que trabamos el conocimiento de Mike Oldfield. El “hechizo” fue absoluto sólo con escuchar los primeros compases de la cara A de aquél disco. Mientras tanto, algo cambió al llegar nuestro decimo cuarto cumpleaños: empezamos a tener una magra, pero real, asignación semanal. Dicho y hecho, esperamos un par de semanas o tres y compramos la edición del sello Ariola del Tubular Bells. Parafraseando la jerga médica, éste fue el primer álbum que adquirimos “conscientes y orientados”. Como en El Corte Inglés se podían escuchar los discos antes de comprarlos así lo hicimos con el Selling England by the Pound que se convirtió en nuestro segundo disco “consciente y orientado”. El tercero fue probablemente The Dark Side of the Moon. Así, resultó que en un año conseguimos tener dos discos de “nuestros” artistas / grupos, Mike Oldfield y Pink Floyd, merced a Ommadawn y Wish You Were Here. Todo esto fue muy importante para nosotros. También resultó que en clase, en nuestro recién estrenado 1º de B.U.P., durante algún tiempo los dos álbumes de los que quizá más hablábamos no eran discos de 1975 sino de 1973, Tubular Bells y The Dark Side of the Moon. Recordamos a Postigo –no logramos acordarnos de su nombre de pila– y su comentario al respecto: “Pink Floyd son más humanos”. Nos acordamos bien, jersey negro de cuello alto, media melena morena, con la cabeza gacha y algo ladeada tamborileando sobre el pupitre. En un mundo sin Internet, con poco acceso a la prensa musical, era tremendo el grado de conciencia del momento artístico por aquel colectivo de muchachos con acné y hormonas en ebullición. El que no tenía un disco, tenía otro y, si no, algunos tenían hermanos mayores y se escuchaban también sus discos. Y empezó a haber un tráfico de cintas… Se tiende siempre a idealizar el pasado, pero en ese sentido no creemos equivocarnos cuando pensamos que aquellos fueron buenos tempos para la música.

Recordamos que las primeras escuchas del disco supusieron un impacto total para nosotros, sólo igualado posteriormente por la voz inicial de Peter Gabriel en el comienzo de “Dancing with the Moonlit Knight”. Estábamos acostumbrados a los largos desarrollos de las piezas de música clásica, no en vano habíamos escuchado las sinfonías de Sibelius y Beethoven, o las oberturas de Wagner recogidas en los discos de nuestra madre, o los “ballets rusos” escritos por Stravinsky para Dhiagilev y que coleccionaba nuestro padre. Pero nada nos había preparado para recibir el mismo tipo de “impacto” desde el rock. Hay que reconocer que teníamos los oídos vírgenes y que la fuerza y extensión de aquella conmoción fueron intensificadas por nuestra propia inocencia. Además, estaba el hecho notorio y mitificado de haber sido la obra escrita y grabada prácticamente por un hombre solo. Un joven que de hecho era solo unos pocos años mayor que nosotros. En aquel tiempo algunos músicos o grupos adquirieron un aura mítica. Fue así.

Luego, con el tiempo vino el conocimiento tanto de la obra posterior –con sus más y sus menos– como de la génesis de este disco. Información valiosa que acompañaba la audición del álbum. Oldfield, del cual conocimos el cénit desde casi el principio, atravesó una serie de nadires consecutivos en los que casi perdimos la esperanza en el artista, hasta que pudimos ver cómo era capaz de ser el mismo creador de sus primeros discos gracias a su Music of the Spheres. Todo lo sucedido entre medias no empañó ni el recuerdo de estas primeras audiciones ni nuestro gusto por este disco.


La gestación de ese trabajo fue larga y relativamente compleja. En la reedición como disco doble del álbum Children of the Sun, de Sallyangie –debut discográfico de Mike Oldfield–, entre los bonus tracks del guitarrista en solitario podemos encontrarnos con un fragmento que pasaría a Tubular Bells. Oldfield puede ser considerado como músico de la escena de Canterbury sobre todo por su pertenencia al grupo Whole World de Kevin Ayers y por su relación con éste. Fue al cantante de Herne Bay a quién el guitarrista pidió prestada una grabadora de cuatro pistas para grabar una maqueta con la música que tenía in mente. También se deslizó en el directo de Ayers algún fragmento de la misma, como se atestigua en la versión  de “Why are We Sleeping?” del disco Too Old to Die Young, grabada para la BBC. Hemos leído que Oldfield tocó a menudo el “Sailor’s Hornpipe” en el seno de la Whole World, pero eso es algo que no podemos afirmar con seguridad absoluta sin contrastar, ya que esto no sucede en nuestras grabaciones no oficiales del grupo de Kevin Ayers.

Aunque ya se había editado en una edición especial de Tubular Bells 2003, se puede escuchar la maqueta citada, de 1971, en la edición “definitiva” –Ultimate– como caja de Tubular Bells editada en 2009. Las descripciones previas que habíamos leído sobre el contenido de esta cinta hablaban de una larga pieza que se superponía a la futura primera parte de la obra, y de una serie de piezas sueltas con elementos de la segunda parte y alguna que otra idea que aparecería o no en los discos posteriores. La maqueta que aparece publicada en ambas ediciones se corresponde a lo descrito salvo por la no aparición de material no relativo al álbum. Tiene la calidad de sonido lógica de la fuente, un grabador de cinta de cuatro pistas analógico, con sus problemas también (distorsión, saturación, etc.) pero nosotros encontramos su escucha muy interesante desde un punto de vista documental. Nos ilumina ciertas cosas.

Tras una desesperada e infructuosa búsqueda de compañía discográfica ocurrió el encuentro con el germen de la Virgin Records en ciernes, tanto la compañía de discos como el estudio de grabación, The Manor. Con una decisión extremadamente valiente se consideró el registro y edición de la obra. La percepción era la de estar ante algo radicalmente nuevo. Oldfield de facto se convirtió en residente en estos estudios. La mayor parte de la primera sección de la obra hizo a lo largo de una intensa semana de trabajo, mientras que todo el resto de la obra se llevó a cabo durante los meses siguientes aprovechando los tiempos libres del estudio. Todo esto no estuvo exento de dificultades o dudas. Nada más empezar a grabar la parte inicial de piano de Oldfield, a éste se le iba el tempo. Para solucionar esto se puso un metrónomo en otra habitación y se le hizo llegar al artista la señal a través de unos auriculares. Ya muy avanzada la grabación se hizo llegar una primera mezcla de la primera parte a los responsables del sello. Tuvo el efecto de aplacar ciertas inquietudes. Esta mezcla aparece en la edición Ultimate de 2009. El resto es historia. Se publicó el álbum como la primera referencia de Virgin Records y se convirtió en un disco superventas de una magnitud colosal e inimaginable hasta ese momento. El álbum de moda, el músico de moda, el sello de moda. De la estrechez económica a la riqueza, etc.


Usted morirá en su nave espacial

El fragmento inicial de la obra –llegó a editarse como disco sencillo– se usó en la banda sonora original de El Exorcista, lo cual tuvo cierta repercusión. Debido a ello también llegamos al punto de las acusaciones de plagio que se efectuaron y que se mantienen en toda su virulencia hasta el día de hoy. Los miembros de Magma Christian Vander y Klaus Blasquiz fueron al cine para ver la película citada y se encontraron con que sonaba una versión de una pieza inédita de su grupo, “‘La’ Dawotsin”. Así lo entendieron ellos. Supieron que era el fragmento inicial de Tubular Bells y cerraron el círculo. Magma había grabado su álbum Mëkanïk Dëstruktïw Kömmandöh en los estudios Manor en la época en la que Mike Oldfield prácticamente residía allí. Él tuvo la oportunidad de escuchar ensayos de esta pieza efectuados en ese lugar. Vander va más lejos y asegura que Oldfield incluso tomó “prestada” alguna idea de su “Mëkanïk Dëstruktïw Kömmandöh”. Lo cierto es que tanto Vander como Blasquiz están absolutamente convencidos de que esto es así y lo han manifestado en entrevistas y por escrito. Hemos leído otra versión de este “problema” que pasamos a relatar. Había un salón en The Manor donde los músicos solían reunirse para relajarse y tal y tal. Allí había un piano en el que Christian Vander solía tocar cuando se pasaba por ahí, y el joven y tímido Oldfield se le queda escuchando, fascinado. Dicen que es ahí donde el guitarrista “tomaba nota”. Como se ve, una versión distinta. Bien, el tema “‘La’ Dawotsin” se grabó en estudio en las sesiones del álbum de Magma Üdü Wüdü y fue publicado en el disco Retrospektïw III del grupo, unos siete u ocho años después de la grabación de Tubular Bells. Invitamos a que se escuchen ambos temas y se aprecie el innegable parecido del comienzo de ambas composiciones, pese a que son muy diferentes entre sí. Este parecido sólo es discernible en un pequeño fragmento del inicio del tema de Magma. ¿Cuál es nuestra opinión? Por nuestra propia experiencia sabemos que existen las casualidades. Dos personas pueden tener la misma idea y esto sucede de vez en cuando, en arte, en ciencia y en cualquier ámbito de la vida. Además, la maqueta de 1971 indica que las ideas de Oldfield estaban muy avanzadas antes incluso que The Manor se convirtiera en un estudio de grabación. Creemos que Vander y Blasquiz se equivocan del todo e injustamente al estar plenamente convencidos de que el plagio es real.

El sencillo

Otro corolario de El Exorcista o más bien del disco sencillo que se editó, fue la “necesidad” para la Virgin de publicar un “verdadero” sencillo extraído de Tubular Bells. La idiosincrática manera de resolver la situación por parte de Mike Oldfield fue volver a grabar un fragmento de la segunda parte de la obra, la “marcha céltica con guitarras eléctricas que suenan como gaitas”, con instrumentos acústicos y el concurso del oboe de Lindsay Cooper. De hecho, el guitarrista ya se encontraba trabajando en Hergest Ridge a cuya atmósfera esta versión de este tema remite más que a la original de Tubular Bells. Esta bellísima pieza, “Theme from Tubular Bells” del Mike Oldfield’s Single se encuentra en la reedición del álbum de 2009. La cara B, versión de un tema tradicional, "Froggy Went A-Courting", no se incluyó y permanece inédita en CD de forma oficial. El sencillo, que fue el primero editado por la Virgin Records, fue puesto a la venta el 28 de junio de 1974, más de un año después de la salida al mercado de Tubular Bells.

¿No existirá por ahí una grabación profesional de esto?

Éste es un disco muy popular y como tal, una vez que Mike Oldfield se decidió a realizar giras, ha sido una obra interpretada muy a menudo, sobre todo su primera parte. En ese sentido la primera de ellas realizada en el contexto de una gira con grupo, la de Exposed ya que la gira de The Orchestral Tubular Bells fue "otra cosa" y Oldfield no participó en ella, muestra el magnífico trabajo de los nuevos arreglos para grupo, que la distinguen de la versión original. Sin embargo, cuando se publicó el disco, Oldfield era muy reticente a tocarla en vivo y sufrió muchas presiones para presentar esta música en directo. El estreno en concierto de Tubular Bells fue en el Queen Elizabeth Hall el 25 de junio de 1973 a las 7:45 de la tarde con un buen montón de artistas invitados. El 30 de noviembre del mismo año un conjunto diferente de músicos interpretó la primera parte de la obra para las cámaras de la BBC y esto fue emitido al día siguiente. Esta actuación (con Fred Frith entre otras luminarias) se recoge en el DVD incluido en la edición Ultimate de la obra y es la que ya había sido publicada en el DVD Elements. Nos parece muy recomendable. Reflexionamos sobre lo próximos que podían encontrarse Oldfield y Frith entonces (en 1973) y lo comparamos con lo lejanos que se encuentran ahora. Viendo esta grabación se aprecia el interés y el grado de compromiso de Fred Frith en esta interpretación.

La verdad es que nunca se ha dejado “tranquila” a esta música. Ya en 1976 y con ocasión de la edición de la caja Boxed se realizó una nueva mezcla del disco, la cual fue la base de las futuras ediciones en disco compacto de Tubular Bells. Eso sí, presentó la "Sailor's Hornpipe" (Vivian Stanshall version). Es decir, la etílica versión original de la coda de la obra. En las posteriores versiones en CD el fragmento "Sailor's Hornpipe" sería el de la versión ya conocida. Este final alternativo también se encuentra como bonus track de la reedición del año 2009. La mezcla estéreo original del año 1973 sólo se ha recuperado en 2009. Además, Tubular Bells se ha reinterpretado y grabado por completo en un par de ocasiones. Ni nos referimos a las secuelas ni a grabaciones de otros artistas sino a The Orchestral Tubular Bells y a Tubular Bells 2003; que serán analizadas más adelante en este estudio de la obra de Oldfield.

Hablando por fin sobre el propio disco, la obra es una asombrosa mezcla de diferentes tipos de música amalgamados entre sí. Los tres amores de Mike Oldfield que son la música clásica, el folk y el rock. Sobre el aspecto que hace referencia a la música clásica haría un par de matices. Si no recordamos mal a Oldfield le gusta Sibelius pero lo que nos resulta más obvio es la influencia del minimalismo, corriente que le debió dar a conocer su compañero de fatigas en Whole World, David Bedford. Además, no es raro el pasaje en el que nos encontramos varias líneas melódicas en los distintos planos de cada fragmento. Esta es una composición con una riqueza y un detalle que no era fácil de encontrar fuera de la música de corte más académico. Grosso modo podemos dividir la primera parte de Tubular Bells en tres segmentos. Tanto el principio como el final son los momentos más conocidos de la obra. El primero es una magnífica exposición de música minimalista, con los instrumentos entrando por capas, sobre un ostinato de piano –es uno de los elementos de estilo más característico de Oldfield–, y en un contexto de rock progresivo. El segmento intermedio se estructura como una sucesión de diversos pasajes muy diversos entre sí tanto en instrumentación, carácter o tono en ocasiones bastante rockero. Las partes de piano repetitivas aparecen como el armazón rítmico de gran parte de "Tubular Bells, Part One" y no desaparecen hasta bien avanzada la pieza. El final de esta primera parte se construye de nuevo sobre un ostinato y muestra otro de los rasgos oldfieldianos, la presentación sucesiva de la misma melodía por instrumentos diferentes. Es el pasaje en el que Vivian Stanshall actúa como maestro de ceremonias presentado estos instrumentos. Su performance sugirió el título de la obra –plus… Tubular Bells!–, ya que antes se habían barajado opciones como Opus One o Breakfast in Bed. La presencia del maestro de ceremonias nunca nos gustó y por ello preferimos las versiones de “Tubular Bells, part one” en las que no aparece, las de The Orchestral Tubular Bells y Exposed.

Esta primera parte parece una sucesión orgánica de ideas que se exponen sucesivamente. La segunda parte parece un ensamblaje de ideas dispares.

Se inicia la cara B del álbum, "Tubular Bells, Part Two", con una sección bellísima que contrasta fuertemente con toda la intensidad expuesta en la primera parte de la obra. En ella se van sumando diversas voces instrumentales mientra va tomando cuerpo la musica. Nos parece una sección difícil de trasladar al directo, salvo por el contexto del casi concierto para orquesta que es The Orchestral Tubular Bells. Hay una transición y aparece una marcha céltica con guitarras eléctricas que suenan como gaitas, aquella que con nuevos arreglos se editaría en disco sencillo. En el climax se añaden piano y percusión con un marcado acento rítmico que preparan la transición hacia la festiva sección “Caveman”, una suerte de rock céltico incrustado en la obra donde el propio Mike Oldfield se transforma en el fraudulento Hombre de Piltdown para entonar un divertido canto onomatopéyico lleno de convicción y aullante en ocasiones. Siempre sonreímos al escuchar esto. En la música de Oldfield no es raro encontrar elementos de humor y estos aquí son más que evidentes. Rompe la “severidad” de la “marcha céltica” anterior. Eso sí, el tono cambia de forma abrupta  para dar paso a una sección más ambiental y tranquila que al finalizar deja paso a la coda de la obra. Se trata del tema tradicional “Sailor’s Hornpipe”, que tiene un alegre y danzante aire portuario que permite darle un final distendido y jovial al disco.

Con el paso del tiempo hay más discos así, Tubular Bells influyó en artistas y público, y no es tan raro ver hoy como hay artistas que hacen sus grabaciones prácticamente en solitario. Deberíamos situarnos en 1973, que fue un gran año para la música rock, para darnos cuenta del tremendo impacto de esta obra, cuando nada aún se había hecho así, al menos de cara al gran público. Resulta que siempre, ante casi cualquier cosa hay alguien o algunos que lo hicieron antes, por ello hay que tener reservas al decir que algo fue lo primero, quizá fue lo primero conocido o con relevancia pública. Para nosotros éste álbum es uno de los paradigmas del rock progresivo. También creemos que debe formar parte de la colección de discos de cualquier persona interesada en la música, independientemente del estilo de lo que suela escuchar.

Para Oldfield suponemos que ésta es una obra sobre la que el debe tener sentimientos encontrados. Por un lado el éxito y la fama, con sus claroscuros; por el otro la insatisfacción por haber dejado una obra mejorable en su opinión –ésta sería una de las razones para su regrabación en 2003–; y por el ultimo, la presión. Tanto por la insistencia por parte de Virgin Records en hacer giras para presentar el disco, como para hacer un “nuevo” Tubular Bells, junto a la comparación de cualquiera de sus discos con esta obra, su “patrón de oro”.

Con lo que debemos quedarnos es con la idea de que Tubular Bells fue el maravilloso debut, el opus nº 1, de un músico joven dotado de un inmenso talento el cual, a lo largo de una larga carrera y pese a sus altibajos, ha logrado escribir empezando por este mismo disco algunas de las páginas más inspiradas y memorables del rock progresivo.

Esta revisión de Tubular Bells está dedicada a Lindsay Cooper, magnífica artista torturada por una enfermedad cruelísima y a la que debemos muchas cosas, incluidas sus partes de oboe en discos como el Mike Oldfield’s Single reseñado en estas páginas.

Carlos Romeo
Login to post comments

Revisiones - O