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Jueves, 20 de Enero de 2011 23:45

Amoeba Split - "Dance of the goodbyes" (2010)

por  Edu Senogul
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Amoeba Split es un proyecto musical procedente de Galicia (concretamente de A Coruña) que en 2003 se dio a conocer con una muy prometedora maqueta de tres piezas (a pesar de haber nacido unos pocos años antes, a partir de otra formación llamada Rama Lama FaFaFa). En ella se podía escuchar a un sexteto (batería, bajo, saxo, teclados, guitarra y flauta/voz) que presentaba largas composiciones nutridas por estilos como el jazz-rock, la psicodelia y el rock progresivo (con una querencia especial por la denominada escena Canterbury), sin dejar de lado el jazz clásico, el soul y el pop. Siete años hemos tenido que esperar para poder escuchar a la banda con todo su potencial, en un intenso debut en estudio que recoge nuevas versiones del material que formaba su primera maqueta, junto a otras tres nuevas creaciones (una de ellas superando los 23 minutos de duración y dividida en 4 partes).

El sexteto inicial

Dance of the goodbyes
es el título de la opera prima de la banda y cuenta con una muy cuidada presentación imitando a las carpetillas de vinilo. La música navega por los estilos antes descritos con una patente madurez sonora y estructural en el caso de las piezas ya presentes en la maqueta, combinando pasajes líricos dominados por el arrope armónico del Mellotron (como en el inicio de la espiritual “Blessed water”) o el papel solista de la flauta (como en la melodía intermedia de “Perfumed garden”), con otros en los que prima el swing y un dinamismo muy cercano al jazz (esto se puede comprobar especialmente en la breve “Qwerty” o en los solos y la sección de metales –a cargo del saxofonista Pablo Añón– en “Turbulent matrix”).

Maqueta de 2003


El álbum presenta tres piezas instrumentales y tres vocales, con unas letras en inglés que tienen una cierta carga metafísica. Bandas de la escena Canterbury como National Health, Hatfield & The North (ambas muy presentes en “Qwerty”), Khan o Soft Machine son importantes referencias para los gallegos (que no dudan en llamar al corte instrumental del inicio “Dedicated to us, but we weren’t listening”, recordando así trabajos de Soft Machine y de Keith Tippett). El tema instrumental que más sobresale a nivel de composición e interpretación es “Turbulent Matrix”, una contundente pieza muy jazzística en la que cada músico muestra  sus dotes instrumentales con diversos solos, girando todo ello en torno a una estructura con varias secuencias recurrentes. La toma del disco tiene un espíritu más enérgico a nivel rítmico, aunque algunos solos quedaron registrados más viscerales en la maqueta (como el del saxofonista Pablo Añón o el del baterista Fernando Lamas, más sutil y sensibilizado con los timbres en la grabación para Dance of the goodbyes). En esta pieza colabora, además, el guitarrista Gastón Rodríguez.

“Perfumed garden” y “Blessed water” presentan también sutiles diferencias con respecto a su anterior maqueta (como la presencia en ésta de la guitarra clásica de Martín Blanes, único miembro que no se mantiene en el disco), consolidándose las melodías de la vocalista María Toro de una forma mucho más natural. Su voz le da un contrapunto muy interesante al grupo, más cercana a las cantantes de jazz y soul, aunque también utiliza recursos más teatrales propios del rock progresivo-sinfónico clásico o largos y sorprendentes intervalos en las melodías, más propio de la escena Canterbury. El teclista Ricardo Castro Varela (también arreglista principal) apuesta por sonidos muy ligados a los 70 (órganos –algunos con demasiado vibrato para mi gusto–, Mellotron, pianos –donde Ricardo se muestra más cómodo, con muy buenas intervenciones– y  sintetizadores), los cuales funcionan muy bien a lo largo del disco, mientras que Alberto Villarroya cumple sobradamente la función de bajista y guitarrista, a la par que es autor de la letra y la música de todas las piezas. Los momentos más expresivos y delicados de las piezas vocales me recuerdan mucho a los cuatro primeros trabajos de King Crimson (sobre todo a partir del registro melódico del saxo, la flauta y los teclados), pero también a algunos momentos puntuales de bandas como Caravan, Camel, Jethro Tull o Genesis. Todo ello se puede reflejar muy bien en “Flight to nowhere”, el extenso cierre del disco que nos lleva por derroteros más cercanos al rock progresivo-sinfónico clásico, con secciones muy delicadas y melodías muy emotivas. Aunque para mi gusto se hace un poco largo y puede resultar algo irregular, consigue dejar un estupendo sabor de boca.

Alberto, Ricardo y Fernando

Para mí, indiscutiblemente, uno de los trabajos más interesantes acontecidos en la escena progresiva nacional de los últimos años, con el plus de proceder de la zona norte del país (donde este estilo tuvo una menor difusión en su día, en comparación con otras comunidades). Esperamos que esto sea sólo el principio de una muy interesante trayectoria.


Más información en www.myspace.com/amoebasplit

Eduardo G. Salueña     

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