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Lunes, 17 de Enero de 2011 23:17

Mastodon - "Crack the skye" (2009)

por  Edu Senogul
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Mi elección de este trabajo dentro de un portal dedicado, principalmente, al rock progresivo, no es casual, y creo que presenta varios elementos que pueden enganchar fácilmente con el oyente más abierto del género.



Crack the skye es el cuarto trabajo de estudio de la banda norteamericana de rock Mastodon, sin contar un EP de 2001 (Lifesblood) y un vinilo en 7’’ de 2000 (Mastodon), ambos re-editados en la compilación Call of the mastodon (2006). Con Remission (2002), Leviathan (2004) y Blood mountain (2006), el cuarteto se fue ganando una sólida reputación dentro del circuito del metal (con especial acento en el stoner, el trash o el death) con ecos de rock duro, grunge o psicodelia. Con Crack the skye consiguieron un muy notable trabajo que perfiló la personalidad musical del grupo, con un trasfondo conceptual y un notorio peso de las secciones melódicas (dentro de los recursos lingüísticos de la banda). Poco después de la salida del disco, la banda editó el EP Oblivion para comercializar a través de Internet, que incluía piezas en estudio y en directo de Crack the skye junto a algunos videos, una toma en directo de una pieza de Blood mountain y una versión de la banda Melvins.

El contenido extra-musical del disco está relacionado con los viajes astrales, y cuenta la historia de cómo el alma de un parapléjico se pierde durante uno de estos viajes al acercarse demasiado al sol (y quemarse el cordón que le une con su cuerpo). Esta acabará en la Rusia zarista, sobre el cuerpo de Rasputín, sin poder evitar su trágico final y buscando desesperadamente huir de la perdición eterna. Dailor, además, indica que el disco es un homenaje a su hermana (Skye Dailor), que se suicidió cuando tenía catorce años. El desarrollo dramático de la obra se enfatiza a través de diversos factores: hay ilación musical a través de las transiciones entre todas las piezas del disco; se incluyen distintos vocalistas a lo largo del álbum (Dailor, Hinds y Sanders, a quienes se une Scott Kelly –de la banda Neurosis– en la composición que da título a este trabajo), quienes también hacen gala de registros muy variados en función del grado de desarrollo del concepto; por último, una composición como “The Czar” está, a su vez, dividida en cuatro secciones diferentes, reflejando la angustiosa persecución y el asesinato de Rasputín con contrastes expresivos muy bien conseguidos. La pieza “Ghost of Karelia” presenta en su introducción un timbre cercano al del cimbalón, instrumento de cuerda percutida propio de las regiones del este de Europa y que, en este caso, sirve para contextualizar geográficamente la pieza.



Musicalmente, además de las influencias descritas con anterioridad podemos encontrar también elementos propios del country y el bluegrass (como en el inicio de “Divinations”, donde Hinds hace gala de su técnica de banjo) o del rock progresivo (como en algunos interludios instrumentales de “The last baron”, la pieza más larga del disco con trece minutos de duración). La complejidad rítmica está muy presente, con una base muy férrea aunque flexible, proporcionada por Dailor y Sanders, y un equilibrio muy constante entre las secciones instrumentales (en las que se alternan prominentes riffs, melodías de guitarras en armonización o algún que otro solo, como en el caso de “Oblivion”, sin duda uno de los puntos álgidos de la pieza) y los desarrollos vocales, donde entran en combinación recursos guturales, coros envolventes, melodías melancólicas y efectos como la evocación del vocoder en “Crack the skye”. Los teclados corren a cargo de Rich Morris, destacando especialmente el Mellotron de la parte introductoria de “Quintessence”. "Divinations" y "Oblivion" fueron los indiscutibles singles extraídos del disco.

Un estupendo trabajo en el que la música se va desarrollando de forma natural, con mucha intensidad pero sin fuertes contrastes. Muy recomendable para los amantes del rock y del metal sin miedo a explorar las fronteras que unen y separan ambas categorías.

Eduardo G. Salueña    

   



   

 

 

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