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Domingo, 07 de Noviembre de 2010 00:12

Embryo: “Rocksession” (1973)

por  Adriangales
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En 1972 la agrupación Embryo grabaría dos de sus trabajos más recordados: “Rocksession” y “We Keep On”. Las sesiones del primero comenzaron en marzo, mientras que para el segundo se eligió el mes de diciembre. En cualquier caso, ambos LPs aparecieron en el mercado a lo largo del año siguiente, un 73 que vería como el último en llegar sería el primero en aposentarse como obra cumbre. En facto, “We Keep On” y sus influencias de Miles Davis idearon a su manera un camino excitante por el que visitar el Jazz fusión germano de aquella década. Lo curioso de todo este asunto reside en “Rocksession”, un vinilo al que le dio sombra otro lanzamiento y que, sin embargo, respetaba la imagen revolucionaría que ya estaban ofreciendo los componentes de Embryo por aquellos días.

Christian Burchard, multiinstrumentista y pieza clave en el mantenimiento del combo, fue engranaje en 1969 sobre el que montar esta salida de tono y ruptura de estatutos en lo que se consideraba la escena vanguardista alemana en cuanto a música se refiere. Sus primeros paseos por los estudios de grabación dieron como resultado grabaciones bastante estándar, totalmente ligadas a los sueños psicodélicos que se empezaban a diluir con los años sesenta. La realidad de una nueva década estaría dispuesta a barrer hasta los posos del recuerdo más duradero. Tres años antes de que Bowie pudiese preguntarse en una de sus tonadas, ataviado con ropas bohemias y una interminable mata de pelo, si había vida en Marte, el conocido como Movimiento del 68 tiene lugar para que la contracultura joven y con inquietudes luche por su sitio en las cuatro paredes ajadas de la realidad de mediados de aquella década. El Mayo francés, su repercusión, las medidas tomadas por miles de estudiantes a raíz de esta revolución cultural, estaba relacionado como grueso de una batalla por el espontáneo grito a favor de las libertades y los nuevos pensamientos.

El final del tratado como Verano del Amor, los cambios políticos, el salto de década y, en gran medida, cierta apatía que renqueaba tras la primera euforia reivindicativa, terminaron por apagar fuegos y dejar pequeñas lumbres en unos jóvenes que con los años perdieron sus valores de cambio. Con esta montaña rusa de acontecimientos que para 1970 toma el carril cuesta abajo, no es de extrañar que los estamentos más reaccionarios suelten en el río de ideas la magnificación de un sentir derrotista y decadente. Esa decadencia cultural con la que quieren frenar el empuje renovador termina siendo pegatina con la que lastrar malsanamente una música que hasta ese momento había sido punta de lanza para dar a conocer de forma sencilla la en ocasiones sesuda revolución. Lo que se había comprendido hasta algunas décadas antes como música popular, en los años 60 tornó en valiosa arma de poder con el que muchas propuestas innovadoras creaban universos paralelos muy alejados del grisáceo aspecto de una sociedad adulta que estaba extrañamente disfrutando de un estado caduco. Todos debieron encontrar su sitio, y de seguro Embryo tenía ya asimilada una visión en el retrovisor como para no caer en bucles artísticos.

Su “Father, Son And Holy Ghosts” del 72 ya rascaba alto y dejaba un línea profundamente marcada. Era el disco de transición, aquel trabajo por el que hacerse mayores sin renegar de su espíritu primero. Cuando vieron las posibilidades que el Rock podía obtener fusionándose con el Jazz, un cielo despejado se abrió ante sus ojos. “Rocksession” es finalmente el atrevimiento con voz alta, el que pone los pies en la mesa y asegura no apearse de la diligencia. Tan importante fue su mejora que hasta los más atrevidos les convirtieron en los rivales directos desde Alemania de los británicos King Crimson. Su primer larga duración de 1973, el aquí analizado, se estructura en cuatro piezas desconcertantes en sus minutos. “A Place To Go” es la tranquilizadora bienvenida de corto recorrido que pronto suelta al oyente en un universo fragmentado en tres composiciones oceánicas (“Entrances”, “Warm Canto” y “Dirge”). La magnitud de este conjunto de pasajes coloristas, que pueden seguir mitificando un Space Rock más onírico como inmortalizar los finales en los que se esperaba atracar a la postre en la escena de Canterbury, hace de “Rocksession” un redondo de culto a tener muy en cuenta en las más selectas sesiones de melomanías irredentas.

“A Place To Go”:
Fundiéndose aromas tribales con una percusión a la batería la mar de sincopada y llena de groove, se abre esta composición con un restallante vibráfono. La introducción da paso a unos aromas más psicodélicos, cercanos a la escena ácida de San Francisco aunque igualmente enraizada con los postulados básicos germanos en estas lides. Los efectos vocales que se consiguen con las voces son impresionantes, haciendo dobletes con la guitarra y poniendo a bailar la melodía de una forma poco común.

“Entrances”
El cencerro en procesión rítmica inyecta la base sobre la que una guitarra puntea con alientos de generar una consecución lógica. Primero más desgranada, luego sublimando un ritmo que sigue alimentándose del dialogo libre en lo instrumental. La espina dorsal de sonido se mantiene para dejar a las improvisaciones que campeen con frescura. En sus primeros alardes pueden parecer los iniciáticos Barrabas. El ambiente se enrarece un poco para finalmente recuperar una línea simple sobre la que el órgano se crece totalmente funky y de ahí ese olor a cava catalana de jazz sesentero. La pandereta también representa un adorno para el ritmo que lo empasta y empuja para el logro final de un frenetismo adecuado. También leves rasgueos de “guiro” de adorno que en el último minuto y medio dan paso a un cencerro (tal vez “agogo bells”) más deslavazado, a la postre clausura de la magnificación primera. La consecución es más elemental, cerrando frente a un bajo que no ha perdido su bucle funk en ningún momento y que se ha sabido imponer añadiendo de vez en cuanto notas de expansión con las que alargar su recorrido creando escalas perfectamente estructuradas pero muy hijas de su tiempo.   

“Warm Canto”
Un redoblante vibráfono ofrece un camino de migas sonoras por el que toparnos con las cuerdas del violín de Hofmann; violín que es simple pero melodioso, sonando añejo por momentos y algo tembloroso, idea que lo dota de una vulnerabilidad excitante. Replantean la idea de las atmósferas instrumentales por medio de unas teclas que tanto le imprimen pasión como saben despojarle de su vestimenta al armazón del grueso genérico. En el último coletazo se regresa a la melodía de apertura añadiendo un vibráfono que, ahora sí, dobla al violín dejando una estela francamente entrañable, convirtiendo ese fragmento instrumental en una pieza que podría vivir sin problemas en un departamento estanco y que es grata de tararear. 

“Dirge”
Enigmática, onírica y hasta algo lounge en el despegue. Tiene tanto del Zappa de “Hot Rats” (como bien apunta Fran) como de los inventos que elevó a los altares el Graham Bond más relajado. El violín de Edgar Hofmann es embriagador, evocando casi imágenes entre el suspense y la retrotracción a tiempos pasados. Los últimos tres minutos son totalmente imperativos, creciendo en la idea original y olvidándose de los apuntes posibles para materializarse como golpe de teclas que lideran entonces el trote.

Es cierto que “Steig Aus” es un referente como LP para la comprensión de este “Rocksession”, ante todo por abrirles una puerta hacia una fusión jazz que definitivamente supieron digerir con elegancia y estilo. El avant-garde toma nuevos sentidos en manos de Embryo en 1973. La psicodelia comienza a quedar en un segundo plano para maravillarse con espacios recién estrenados lejos de viajes psicotrópicos.


Track List:
1. A place to go (4:25)
2. Entrances (15:35)
3. Warm canto (10:07)
4. Dirge (9:35)

Formación:
- Christian Burchard / batería
- Jörg Evers / bajo
- Edgar Hofmann / saxo, violín
- Jimmy Jackson / teclados
- Dave King / bajo
- Siegfried Schwab / guitarras
- Mal Waldron / piano eléctrico


Sergio Guillén
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