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Sábado, 06 de Noviembre de 2010 18:22

Magma- "Live in Tokyo" (2009)

por  icrp1961
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MAGMA – Live in Tokyo







CD 1 – Magma – Tokyo 2005 Live at O-East
01. Applause debut – 0:37
02. “K.A. I” – 10.38
03. “K.A. II” – 15:27
04. “K.A. III” – 22:38
05. Applause fin – 1:38

CD 2 – Les Voix de Magma – Tokyo 2005 Live at Club Quattro
01. Applause debut – 0:55
02. “Theusz Hamtaahk” – 13.40
03. “Wurdah Ïtah” – 18:53
04. “Mekanïk Destruktïw Köhmmandöh” – 19:44
05. Applause fin – 2:19

Todas las composiciones son de Christian Vander.
Grabado en Tokyo por Francis Linon directamente en estéreo desde la mesa de mezclas. Masterizado en los estudios Uniwerïa Zekt, París. Editado en 2009 en Japón por el sello Seventh Japan / Disk Union.

Magma
Christian Vander – batería.
Philippe Bussonnet – bajo.
James Mac Gaw – guitarra.
Emmanuel Borghi – Fender Rhodes, teclado.
Frédéric D’Oelsnitz – Fender Rhodes, teclado.
Stella Vander – voz, percusión.
Isabelle Feuillebois – voz.
Himiko Paganotti – voz.
Antoine Paganotti – voz.

Les Voix de Magma
Christian Vander – voz, percusión.
Stella Vander – voz, percusión.
Isabelle Feuillebois – voz.
Himiko Paganotti – voz.
Antoine Paganotti – voz, percusión.
Emmanuel Borghi – piano.



Tokyo


Nos resulta muy difícil ser imparciales con esta grabación ya que en su primer disco contiene parte de un concierto dado por la misma formación de Magma que pudimos ver en directo en San Sebastián en 2003. Aquella vez fue también, por ende, la primera ocasión en la que escuchamos Köhntarösz Anteria. Aún no se había publicado y fue toda una sorpresa.

En la época en que fue registrada esta actuación, Magma había tomado la costumbre de hacer tandas de tres conciertos. Un concierto de Les Voix de Magma (voces y piano), otro instrumental (el grupo sin voces), y  otro más, al fin, con el grupo al completo. Cada una de estas propuestas tenía un repertorio concreto. Live in Tokyo nos presenta una selección de todo esto eludiendo la faceta puramente instrumental. Además, ninguno de los dos discos ofrece un concierto completo.

El primer CD nos presenta a Magma al completo interpretando de forma fulgurante Köhntarösz Anteria. Creemos que este disco existe por esta pieza, como un homenaje a la formación del grupo que tanto trabajó para desarrollar y presentar esta composición de Vander, recuperada desde la primera mitad de los años setenta. Si la versión de estudio ya era excelente, esta interpretación en directo le añade la sal y pimienta típica de los recitales. La veo más fluida, con las transiciones más naturales entre las diferentes secciones. Vemos absurdo hacer un análisis pormenorizado del álbum pero sí nos gustaría incidir en el comienzo de “K.A. III”, que es lo que antiguamente conocíamos como “Om Zanka”, un pasaje instrumental que aquí se desarrolla guiado por el solo de Borghi. Nunca como aquí pudo escucharse al grupo One Shot (tres cuartas partes de éste están aquí) en el seno de Magma.
Después de esto dan ganas de escuchar las otras piezas del recital.

El segundo disco del doble álbum es también la segunda ocasión en que se comercializaron grabaciones de Les Voix de Magma. La primera fue en el concierto de Douarnenez en 1992 que inauguró la serie de discos de archivo de Seventh Records, AKT. Lo que aquí se presenta es la versión “de bolsillo” de la Trilogía Theusz Hamtaahk, a lo largo de unos cincuenta minutos de duración. No se ofrece completa sino que es un resumen de los aspectos vocales de la obra. De forma ininterrumpida “Theusz Hamtaahk” desemboca en la segunda parte de “Wurdah Ïtah” –a partir del célebre pasaje “Vaishant!”– para concluir uniéndose a la segunda mitad de “Mekanïk Destruktïw Köhmmandöh”. La interpretación es simplemente espléndida. Para quien no haya escuchado esta propuesta antes se debe recordar que Les Voix de Magma no es exactamente Magma, sino un “aspecto” o “fractal” –en terminología frippiana– del grupo principal.

El hecho de que la edición de este álbum sea para un mercado concreto, junto con el hecho de la edición de la caja Studio Zünd, al no recoger la obra en directo, no recoge la totalidad del trabajo del grupo, ya que hay piezas importantes no editadas en discos de estudio, nos hacen pensar que Live in Tokyo podría incluirse en un hipotético Live Zünd. Edición muy necesaria si se quiere contar con las piezas “Lïhns”, “Retrovision” o “‘La’ Dawotsin” entre otras.

Repetimos, éste es un álbum muy recomendable.






24 de Octubre de 2003 – Magma en San Sebastián



Donostia



Ésta no es tan sólo la crónica de un recital, también es la historia de un viaje. Son cuatro amigos de los cuales uno, saliendo a las tres de la tarde del trabajo de uno de ellos, va recogiéndoles a todos para seguir por carretera de Madrid a San Sebastián. Un inoportuno accidente provocó retenciones que nos hicieron perder mucho tiempo; luego una opción errónea en Vitoria, un despiste, nos lo hizo perder aún más tiempo y pagar peajes. Pero finalmente llegamos a la capital de Guipúzcoa para recoger a nuestro amigo José Mari Aguirrezabala, el cual nos había comprado las entradas, y fue él quién nos guió por las calles de Donostia hasta llegar al centro cultural donde tendría lugar el concierto. Llegamos a diez minutos del comienzo oficial del recital. El que pudiéramos llegar justo a tiempo fue algo maravilloso para nosotros –recordamos la euforia–, después de tantas vicisitudes y tanta tensión viendo como el reloj avanzaba sin detenerse.

Antes de escribir sobre el concierto hay que explicar algo personal. Uno de nuestros discos favoritos, desde que lo escuchamos por primera vez, es el Live de Magma. Cuando supimos que Christian Vander había creado Offering, en los ochenta,  pensamos que Magma estaba ya muerto y enterrado. La noticia de que Vander había recreado el grupo en los noventa nos galvanizó. ¿Qué harían? ¿Vendrían por España? Y resultaba que sí, que no sólo Magma seguía vivo sino que venía a San Sebastián. Existía la posibilidad de ver a uno de nuestros grupos míticos en directo. Además, coincidía en el tiempo que nuestro interés por Magma y la música Zeuhl se había acentuado aún más así que la decisión estaba tomada, si era factible se iría. Y así se hizo.

Una vez acomodados, llegó el momento del recital. Al entrar en escena Christian Vander, sentimos una enorme inquietud. Acostumbrados a las imágenes de los años setenta, nos encontramos con un cincuentón canoso, con poco pelo y algo barrigudo. Un choque tremendo. Nos fijamos en los instrumentos dispuestos sobre el escenario y vimos que la batería de Vander era muy sencilla, con pocos parches y muchos platos. Entraron todos los músicos y eran un total de cinco instrumentistas y cuatro cantantes, que detallamos a continuación: Christian Vander (batería y voz), Stella Vander (voz), Philippe Bussonnet (bajo), Emmanuel Borghi (piano eléctrico), Frédéric D'Oelsnitz (teclados), James Mac Gaw (guitarra), Antoine Paganotti (voz y batería), Isabelle Feuillebois (voz) e Himiko Paganotti (voz). En realidad nos adelantamos a los acontecimientos porque el grupo fue presentado en el bis. Todos ellos estaban vestidos de negro riguroso presentando el anagrama del grupo. Un teclista a cada lado, dos cantantes a cada lado también, sobre un estrado, y en centro del escenario Vander, secundado por Bussonnet a su izquierda y Mac Gaw a la nuestra. Viejos y nuevos amigos. Stella Vander ya estaba en el Magma Live; Bussonnet y Mac Gaw eran miembros del grupo desde la refundación en los noventa; Borghi y Feuillebois ya estaban en Offering, en los ochenta; y Antoine e Himiko son hijos de Bernard Paganotti, bajista que fue de Magma, Weidorje y Paga.

Cualquier duda o prevención que hubiéramos podido tener se disolvió durante la interpretación del primer tema, ni más ni menos que “Kobaïa”, la primera canción compuesta jamás por Vander para Magma; interpretada desde 1969 hasta nuestros días siendo una perfecta introducción, entonces como ahora, al universo sonoro del grupo. La puesta en escena era muy sencilla y durante esta primera pieza ya vimos lo que iba a ser la tónica general del recital: una interpretación exaltada, de una profundísima entrega por parte de los cantantes, de un convencimiento total; y, al mismo tiempo, una concentración exquisita por parte de los instrumentistas, que rayaba la frialdad. Hielo y Fuego al mismo tiempo. Salvados unos problemas iniciales con el micrófono, Antoine Paganotti se desenvolvió perfectamente en su cometido de cantante para esta música, sabiendo que estaba en el lugar que en el pasado ocupó Klaus Blasquiz. Vimos también como Vander ni siquiera miraba su batería, se la sabe de memoria, ya que estaba pendiente de todo lo demás. También pudimos ver sus gestos de pasión y entusiasmo al gesticular con el rostro y con su particular énfasis en los redobles. Si su instrumento podía parecer limitado para un neófito, su técnica era apabullante.

Tras esta primera toma de contacto con una pieza conocida y en una interpretación larga y espléndida, como lo fue la de “Kobaïa”; el grupo nos propuso un tema nuevo. Más tarde, al finalizar, Stella Vander nos informó que se llama “K.A”. Pero es que esta nueva pieza era indescriptible. Para aquellos familiarizados con la discografía de Magma, podríamos decir que parecía la cuarta parte de la trilogía Theusz Hamtaahk, y de hecho su final estaba emparentada con su primera parte, la que le da título, de alguna forma. No advertimos cuanto duró, pero “K.A” fue una pieza larguísima. Estaba estructurada como una sucesiva consecución de clímax musicales en cadena, donde la música era empujada cada vez más allá, con más vigor y fuerza, para caer y volver a empezar una y otra vez hasta paroxismos de intensidad apenas soportable. Al menos en las primeras filas, las que nosotros podíamos ver, estábamos todos poseídos por este frenético ritmo. Frente al estatismo de los instrumentistas, los cantantes bajaban de sus estrados y se posicionaban en el frente del escenario, en función de las necesidades de la música, cantando como si la vida les fuera en ello. La cercanía del escenario con relación a las butacas, nos daba una sensación de inmediatez y proximidad con los músicos casi íntima. Una situación, pues, en la que se podía palpar la convicción y la entrega de los artistas. Personalmente, una experiencia devastadora, casi una experiencia mística como la que se persigue en la música Qawali. Sabíamos que la experiencia de la música podía ser muy intensa, pero ¿tanto?

Al finalizar aquello –no podemos decirlo de otro modo–, Stella Vander no sólo nos dijo como se llamaba esa pieza sino que, además, estaba siendo grabada para un próximo disco. Efectivamente, se trata de K.A, publicado en noviembre de 2004, que incluye esta única pieza Kohntarkosz Anteria. Esto indicaba algo, no sólo Magma había vuelto sino que su nueva música entroncaba directamente con la estética previa a su álbum Attakh, incluso anterior a Üdü Wüdü. Como comenté, parecía “Kohntarkosz Anteria” un Theusz Hamtaahk llevado al cenit de esa estética particular. No es esto, por tanto, una vuelta complaciente al pasado ya que nada había de complaciente en esta música, yo pensé más bien en una suerte de reestablecimiento.

Después de una introducción de frágil belleza, de repente el ostinato de la música se volvió inconfundible. Todo el vello de nuestro cuerpo se erizó por la intensidad de nuestra emoción. Magma se embarcó en la interpretación de Mëkanïk Destruktïw Kömmandöh, un sueño hecho realidad para nosotros –al día siguiente, al relatar el concierto a nuestra esposa ese vello se alzó de nuevo como una colección de escarpias, sólo con recordar ese momento, el comienzo de la pieza–. La composición se tocó íntegra, completa en una larga versión, con espacio para los instrumentistas en su segunda parte, incluyendo un solo de bajo de Bussonnet. El grupo en su conjunto tocó esta música con una gran fuerza e intensidad logrando una versión que no desmerecía nada comparada con las “históricas”. El final de Mëkanïk Destruktïw Kömmandöh fue el final del concierto.

Ante tanta intensidad era lógico que el público quisiera aún más y así lo hizo saber, reclamando un bis. Nuestra secreta aspiración era que tocaran “Hhaï”, ya que nos parecía poco probable que después de un concierto tan largo se atrevieran con “Köhntarkösz”. Pero ante la sorpresa generalizada, un miembro del equipo técnico colocó un micrófono con su pie en el centro del escenario. Acto seguido se presentó Antoine Paganotti, el cual empezó a tocar la batería. En esencia, podemos decir que se nos presentó un rítmico tema jazzístico, en la línea de Offering, en la cual Christian Vander cantó a placer y presentó a todos los músicos y cantantes, cantando. Los cantantes también tocaban instrumentos de percusión, incluido Vander, y esta pieza tenía el aire de una improvisación, pero no lo era, (los efectos estaban muy bien calculados y ensayados). Y aquello fue el final definitivo, un delirio jazzístico vocal.

Al averiguar quién era el cantante y batería el asunto de cómo alguien se atrevía a tocar la batería de Vander quedó claro. Antoine Paganotti ha tocado en varios discos relacionados con la música Zeuhl y con Richard Pinhas. Está claro que Vander no le cede el puesto y las baquetas a cualquiera.

Ya finalizado el acto, el público visitó con intensidad febril el puesto de venta, donde se encontraban la mayoría de las referencias de Seventh Records. Nosotros, antes de volver a Madrid esa misma noche, nos acercamos a un bar –una peña, creo, de la Real Sociedad– a tomar algo. Allí confraternizamos con un buen número de amigos, todos ellos amantes del progresivo, en lo que fue un final de velada extraordinariamente agradable dejando en nosotros una sensación de hermandad inolvidable. Volvimos a casa cansados pero satisfechos, con un buen recuerdo del recital y también, porque no decirlo, de la belleza euroasiática de Himiko Paganotti.

Nuestra recomendación es que si podéis ver a Magma lo hagáis. ¡Ojalá vuelvan pronto!

Queremos dedicar la crónica de este concierto a José Mari Aguirrezabala, sin cuya amistad y apoyo, quizá este escrito no se hubiera podido realizar; y también queremos dedicarlo, por extensión, a todos los que nos dimos cita allí para una noche memorable.

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