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Martes, 02 de Noviembre de 2010 19:10

Caravan: "In the Land of Grey and Pink" (1971)

por  Snowgoose
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Cada vez que me dedico a escuchar a Caravan, uno de mis grupos predilectos de todos los tiempos, me surge siempre la cuestión de qué le hace ser el único grupo clasificado como Canterbury que es capaz de motivarme. Será que no tengo claro lo que es el sonido Canterbury, o que ellos no acaban de tenerlo, o que los demás tampoco... así que lo primero es informarse.

El sonido Canterbury aparece a finales de los 60 en músicos y grupos nacidos principalmente en esa ciudad inglesa, perteneciente al condado de Kent, y que se caracteriza por sonidos imaginativos, psicodélicos, con importantes dosis de improvisación debido a la influencia del jazz, letras complejas (cuando las hay) y uso importante del teclado.

Una vez aprendida la lección, me doy cuenta de que esta corriente es mucho más amplia de lo que parece, que nos podemos ajustar perfectamente a la descripción en casos tan extremos, a mi modo de ver, como Caravan y Soft Machine en sus primeros tiempos, y ahora me explico por qué me decanto por los primeros.

"In the land of grey and pink" es un trabajo precioso. No es perfecto; de hecho se detectan fácilmente fallos en la interpretación en más de un tema, pero hay varios puntos que le hacen lucir de manera espectacular, aún por encima de otros trabajos de grupos más consagrados dentro del progresivo.
El título del álbum ya evoca lo que vas a encontrar. Al menos, bajo el punto de vista femenino, el gris y el rosa son colores suaves, tranquilos, sencillos, hay toques de yin y yan, si queremos darle un punto de vista zen. Es justo lo que tiene el disco.

De los cinco temas (no hablaré de los bonus track posteriores, porque mi edición es la antigua), los cuatro primeros presentan prácticamente la misma forma: una primera mitad con letra, con una estructura musical sencilla en cuanto a ritmo, pasando a una segunda mitad instrumental donde suele predominar un sólo instrumento que hace las delicias del oyente al presentarse con una gran riqueza de expresividad, complejidad y utilizando partes de improvisación y psicodelia muy especiales.

El último tema, que suele ser el favorito de la audición, tiene la estructura inversa: comienza instrumental y vertiginoso, dentro de esa serenidad que transmite todo el disco, para terminar con las voces de Hastings y Sinclair. Un tema largo (más de 20 minutos) que hace las delicias del amante del buen Canterbury porque lo resume todo.

No hay en Caravan, ni siquiera en las partes más elaboradas, nada que sea estridente ni falto de elegancia, no hay ni una sola nota que no nos rodee de bienestar y de elogio a la música. No sólo en su delicado uso de los instrumentos (sobre todo, las flautas y los teclados), sino en la voz de Richard Sinclair, esa voz en gris y rosa que, sin ser un dechado de presión de aire o de fuerza de pulmón a lo "grandes tenores", es una de las voces más preciosas que ha dado la música.

Es ese esquema musical, junto con la sensibilidad de los músicos, la maravillosa voz de Sinclair y las letras, que no son simples odas al amor, lo que hace que yo misma me plantee por qué Caravan son los eternos segundones del progresivo, si hacen de este disco algo muy difícilmente olvidable o prescindible.

En este álbum, Caravan  trabajó como un solo elemento. De hecho, a pesar de que cada tema tenía su compositor predominante, todos pusieron su granito de arena y lo que cobraron por él lo repartieron por igual, todo un ejemplo a admirar. Sin embargo, en aquellos momentos no se consiguió el éxito esperado y esto creó tensiones en el grupo que terminaron con la marcha de David Sinclair. Richard aún se mantuvo con Caravan un disco más, hasta que sus pasos le llevaron a Hatfield and the North y Camel.
El sello discográfico Decca publicó la remasterización de esta obra añadiendo unos cuantos bonus track, entre temas que no se editaron en su día por limitaciones de tiempo y versiones de temas ya editados.


Golf girl  (5:05)
Abre el disco una canción ligera y pegadiza; el comienzo de viento le da un tono divertido y alegre que mantendrá el resto del tema. Es una sencilla historia de amor que, por lo visto, escribió Richard Sinclair para la que iba a ser su futura esposa; imagino que describe el modo en que se conocieron: chico juega al golf, chica le ofrece té, se enamoraron y vivieron felices (de esto ya no tengo constancia). El ritmo lo mantiene la guitarra en un principio, muy sencillo, reforzado por la batería y la percusión, hasta la entrada de los teclados, fascinantes y psicodélicos. En la segunda parte, entra el piccolo de fondo, mientras Sinclair acaba de cantar, y los teclados y la flauta empiezan un diálogo medio improvisado de una calidad y una emoción que impresionan. Esa flauta que nos deja un ambiente ligero y progresivo.


Winter wine (7:46)
Un tema hermoso y de mis preferidos, sin duda, no sólo por lo bello de la melodía, sino por la letra. De nuevo, como es habitual en Caravan, temática de tono romántico. La voz de Richard al comienzo ya es todo un preludio de lo que vendrá después. No es una balada, es una canción que progresa en su ritmo y en su tono, que habla de castillos y dragones, de armaduras y caballeros, pero cuya última estrofa es deliciosamente actual:
"La vida es demasiado corta para estar triste, deseando cosas que nunca tendrás. Es mejor no soñar con las cosas por venir, los sueños siempre acaban demasiado pronto. Los sonidos de una  melodía lejana, una vez tocados, se pierden en la memoria".
Los teclados tienen actuación estelar acompañando a la voz, dan la impresión de un paseo casi bucólico por el tiempo y el espacio. También son los que, en esta ocasión, se quedan protagonizando un solo glorioso en ausencia de la voz. Ese sonido tan especial, tan vibrante que nos devuelve, al cerrar los ojos, recuerdos de un pasado no tan lejano, aunque nos lo parezca. Este tema tiene la virtud de transportarme, de llevarme quizá a esos sueños en que Sinclair nos pide dejar de pensar. Bellísimo hasta el final.


Love to love you (and tonight pigs will fly) (3:06)
Machacona canción de tono pop, pero no por eso menos encantadora. Divertida hasta en el título, tiene el extra de la voz dulce de Pye Hastings. Este hombre ha mejorado mucho con el tiempo su timbre vocal, pero siempre ha dotado de una sensibilidad especial todo lo que ha cantado. Pocos cantantes podrían dotar de esa finura a una canción tan aparentemente intrascendente como ésta, con sus campanas campestres y sus coros. Y la flauta... vuelve el viento a darle el toque más hermoso, más elaborado, mezclándose con la voz al principio y tomando la parte de improvisación dentro de una melodía totalmente armónica, poniéndole un final digno de una gran pieza.


In the land of grey and pink (4:51)
Comienzo sereno, pero contundente. Son la percusión y la guitarra las que llevan de nuevo el ritmo y acompañan a Sinclair. Me gusta de este tema justamente eso, la fuerza que denota, la determinación que emana, pero sobre todo la maravilla del piano cuando entra a poner un tono de luminosidad en ese espacio, tan aparentemente duro, que se mostraba al principio del tema. Hay un par de fallos de interpretación, pero es el fragmento más delicado de la canción. Más tarde, ese sonido de teclados setentero le pone de nuevo el tono más gris a un tema con tintes de rosa. Divertidos los sonidos que hace de vez en cuando Sinclair para acabar las frases, y con los que termina también el tema, con una letra algo paranoica. Una tierra en gris y rosa donde todo es posible.


Nine feet underground: (22:40)
La suite de este trabajo es uno de los temas poderosos que ha dado el progresivo, del que no te cansas nunca. El principio es antológico, unos teclados elegantes dentro de una psicodelia muy asumible, para cerrar los ojos y dejarse llevar por los mares de la imaginación, igual que hacen los mismos músicos. Me fascinan y me transportan en una espiral de colores que asciende, ilumina, desciende, y con la que bailas durante unos minutos francamente inolvidables. El saxo está muy bien intercalado, una interpretación de ese jazz absolutamente arrebatador y sensual que enamora.
A partir de un momento determinado, el sonido cambia. Se transforma en algo más pop, más asequible, y entra Pye Hastings en una melodía muy setentera y elegante que lleva perfectamente en la voz. Todo y ser un fragmento bien distinto, se mezcla sin dificultad con el tema, volviendo el teclado psicodélico a tomar protagonismo y a fascinarnos con su vértigo ligero.
La canción se enlentece de nuevo, se alargan las notas y gira de nuevo alrededor de la misma espiral de virtuosismo. Se detiene prácticamente la música... nos hace esperar algo, el ambiente se espesa y se entristece, un grito desgarrador de fondo y una especie de trueno nos introducen en una tormenta de notas, en una delicia de fragmento con los teclados, la guitarra y la batería dotados de garra y emotividad al máximo. Subiendo de nuevo, con rapidez, sin desmayo, como en una especie de orgasmo musical, hasta un clímax que se mantiene vivo hasta que el ritmo, cansado, desciende lentamente sin dejar de transmitir vibraciones.
Cuando parece que el tema ha terminado, Sinclair se encarga del fragmento más lento, que después de todo el devenir musical de los primeros quince minutos, es capaz de erizar el vello de cualquiera en un derroche de emotividad, de sensualidad. Es lo que pide el cuerpo, después de tanta energía... la calma, la bella serenidad de su voz, de la flauta que aparece al fondo en ocasiones, ese piano que nos devuelve a lo clásico. Todo este final son sensaciones encontradas, la calma tras la tormenta. Reconozco que es fácil emocionarme en este momento, hasta que vuelve de nuevo la fuerza y la garra en los últimos minutos para terminar el tema con un estado de excitación nerviosa llevada al máximo por los teclados que invaden todo con su sonido. Final espectacular, durísimo, contundente.
Este tema me deja totalmente extenuada, pero siempre lista para la próxima escucha.

Temas:

1. Golf girl  (R. Sinclair)
2. Winter wine (R.Sinclair)
3. Love to love you (and tonight pigs will fly) (P. Hastings)
4. In the land of grey and pink (R. Sinclair)
5. Nine feet underground: (D. Sinclair)
- Nigel blows a tune
- Love's a friend
- Make it 76
- Dance of the seven paper hankies
- Hold grandad by the nose
- Honest I did!
- Disassociation
- 100% proof

Tiempo total: 43:28

Músicos :

- Richard Sinclair / vocales, bajo, guitarra acústica.
- Pye Hastings / vocales y guitarras.
- David Sinclair / órgano Hammond, piano, mellotron, vocales armónicas.
- Richard Coughlan / batería, percusión.
- Jimmy Hastings / flauta, saxo tenor, piccolo.
- David Grinsted / canon, viento, campana.
- Paul Beecham / trombón.
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