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Martes, 02 de Noviembre de 2010 19:01

Van der Graaf Generator- "Still Life" (1976)

por  Snowgoose
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STILL LIFE (1976)



Peter Hammill: voz, guitarra, piano.
Guy Evans: batería y percusión.
Hugh Banton: órgano, pedales, guitarras, mellotron, piano.
David Jackson: saxo, flauta.


Hablar de Van der Graaf Generator, en especial de Peter Hammill, es hablar de emotividad. Esa es la cualidad que diferencia a unos cantantes de otros y la culpable de que dejen huellas en el público difíciles de borrar.
Peter no sólo destila emoción en su voz, sino en todas y cada una de sus letras. Si a esto sumamos la comprensión y la complicidad musical que le unía al resto de miembros de la banda, el resultado es un progresivo que sólo entienden (y de qué manera) aquellos que comparten el mismo tipo de emociones.



Aquella tarde noche madrileña se hacían apuestas en la mesa redonda en que cenábamos sobre qué disco de VDGG podría gustarme especialmente. Sólo sabiendo de mis gustos musicales pero, ante todo, sabiendo de mí. Ahí, Paco la acertó de pleno; sin dudar dijo que “Still life”. A los pocos días tenía el disco en casa y algo me recorrió por dentro justo antes de escucharlo por primera vez…

1.Pilgrims (7:07): El teclado y la voz de Hammill comenzaban a sonar suavemente en esta primera pieza, de tranquilo principio, con un hermoso sonido de saxo que se incorporaba casi imperceptiblemente dándole una elegancia que complementaba a la perfección su voz. De repente, la cadencia cambia y el redoble de batería da paso a un crescendo lento que desemboca en pura pasión. La voz de Hammill se eleva, perfecta y llena de intensidad; qué modo de expresar, de moverse entre fragmentos vigorosos y suaves. El saxo de Jackson siempre da una réplica perfecta, actuando de alter ego y reproduciendo el mismo sentimiento que él en todo el tema.
La letra tiene mucho de filosófico. “Somos peregrinos buscando un sueño, mirando al futuro con esperanza”. De ahí que suene como un himno en muchos instantes. Me gusta especialmente el momento en que habla de que debemos caminar como peregrinos, con propósito desconocido pero no por ello con menos valor, en soledad. Habla de esperanza en la paz dentro de una tormenta  creciente, quizá pura utopía.

2.Still life (7:20): El tema empieza triste y oscuro, es la atmósfera que transmiten Hammill y el órgano. Poco a poco se elevan volumen y tono para descender de nuevo, hasta un cambio radical. La voz se vuelve rotunda, agresiva y dura, sentimientos que acentúa la percusión; el ritmo se acelera y el saxo vuelve a cobrar importancia llevando el peso de la dureza de este fragmento.
Impresiona  el modo en que Peter Hammill modula su voz pasando de la tristeza y el conformismo, incluso la melancolía, a la más profunda de las rebeldías. Al final, el tema se pierde en la voz y el piano, y el resto de instrumentos acaban dándole un toque dramático al conjunto.
Uniendo la música a  la letra, se nota que seguimos en una pura filosofía de vida. Confrontación vida y muerte, vida como una inercia que nos lleva a la muerte, casi sin sentido. No es suficiente lo que tenemos en vida. Expresa una desesperación ante el fin, preguntas sobre el sentido de la vida, lo ganado, lo perdido. El final, apoteósico, habla de la Eternidad como esposa… suyo para siempre, aún en vida.

3.La Rossa (9:47): Siempre me gusta encontrar esta bellísima entrada de teclados a los que se añade un Hammill irónico que vira en poco tiempo a una intensidad emotiva brutal, con unos cambios de registro vocal que me envuelven. Es un tema fuerte, intenso, con partes trepidantes y llenas de vida, a veces hasta de rabia contenida. Es rebelde, pletórico en la instrumentación, con subidas y bajadas, rapidez y lentitud, suavidad y dureza que se entrelazan, se intercambian… La parte instrumental es deliciosa, enrevesada, en ella se pierde la voz de un Hammill enloquecido al que acompañan a  la perfección los teclados y el saxo.
Y es que, en esta ocasión, el tema va de cosas más “mundanas”… amistad, amor, sentimientos encontrados, cambios que provoca la confusión de los mismos. Mucho deseo contenido, también expresado. Qué intensa la estrofa final, es absolutamente conmovedor ese “give me life”, qué belleza la de las emociones que se expresan, del amor y del deseo.

4.My Room (Waiting for wonderland) (8:00): La primera vez que escuché este tema quedé especialmente implicada con él. Quizá porque tiene un comienzo excepcionalmente suave que contrasta con la agresividad y velocidad del tema anterior, quizá porque el saxofón es especialmente dulce. Soy una enamorada de los instrumentos de viento y sé la dificultad que comporta mantener un piano tan liviano en notas altas; aquí es admirable el modo en que Jackson mantiene la columna de aire a un volumen tan mínimo, dando al comienzo del tema un aire etéreo.
A medida que el tema avanzaba y me adentraba en las diferentes sensaciones que trasmite, aún sin saber nada de la letra, empecé a sentir un grado de identificación poco usual, de ese que sólo tengo con temas que se mimetizan conmigo. No me hizo falta saber de qué iba… la emoción de Hammill era la mía, lo que su voz expresaba era lo que yo sentía. El saxo y su voz son lo mismo, música y letra; van a la par expresando el conformismo, la calma suave del momento en que se tienen esas certezas tristes que ya casi no duelen, pero que siguen ahí. Cuánta belleza alcanza el tema mientras la voz sube y sube, tan suave, tan derrotada a veces.
Y, de repente, instrumento y voz cambian, se adquiere un tono amargo. El sonido del saxo se rompe, el corazón se encoge. Todo el resto del tema es rendición, impotencia agridulce. He escuchado varias versiones en directo, sin saxo, donde Hammill suena mucho más duro; sin embargo me gusta mucho más aquí, donde el viento le replica y él acaba por dejarse vencer en una dulzura que eriza el cabello, hasta que la voz se pierde y queda el resto de instrumentos atormentados, desgarrados.
Y es que, al leer la letra, se entiende la pérdida, la impotencia ante lo que ya no está, ante el amor que se marchita en el tiempo… toda me llena de emociones encontradas, pero destacaría el fragmento en el que dice algo así como:
“Me congelo en el frío de este lugar, sin una cara amable que sonría en el adiós. ¿Cómo puedes dejar que eso pase? Sueños, esperanzas y promesas, fragmentos fuera de tiempo, todo eso ya lo hemos hablado. Aún así, no entiendes lo que se siente cuando estoy esperando que sean rotas”

5.Childlike faith in childhood’s end (12:20): Es el tema más largo del disco, de una belleza inusual, rico en matices. De comienzo lento y con cadencia, cambiando de manera brusca, oscura y misteriosa a fragmentos con más personalidad y fuerza. De ahí, a un universo de notas alocadas que se vierten en pasajes lentos y calmados, casi pastorales, románticos a ratos, y de nuevo hacia arriba en un himno glorioso. Hammill alcanza una apoteosis increíble. Es un tema cambiante, tan vibrante que llega a ser agotador en cuanto a emociones se refiere. Quizá por eso, en los últimos minutos, baja de intensidad para retomar aire y acabar del modo más enérgico posible. Y es que es una canción de extremos… habla de la vida, de lo que hay más allá de ella. De  la desesperanza en cuanto a la realidad actual, del miedo al silencio (ese fragmento es sencillamente grande, de piel de gallina… frightened in the silence…). Esperanza de una vida mejor más allá de la muerte, pero dudando sobre si esa otra vida existe, no ve a Dios para salvarnos.
Los niños que fuimos pasan… el Universo atrae y los hombres deben tomar su lugar. La Humanidad debe elevarse en nombre de la fe, la esperanza y el amor. Vuelve a tomar fuerza la idea de los peregrinos.
“En la muerte de simples humanos la vida comenzará”. Una dura manera de acabar un disco, un mucho para meditar.

Cuando termina la música, me siento agotada y pletórica. Demasiadas sensaciones, demasiadas emociones… progresivo puro.


“Still life” se grabó entre junio de 1975 y enero de 1976; las letras fueron compuestas por Peter Hammill, excepto en “Pilgrims”, que es de Hammill y Jackson. Hay una versión remasterizada (que no tengo) del año 2005 que contiene un bonus track grabado en directo en 1975, llamado "Gog", y que no os diré a qué suena porque no la he escuchado nunca. Como curiosidad, la fotografía de la portada es una descarga eléctrica real  producida en un generador de Van der Graaf.
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