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Viernes, 28 de Octubre de 2011 14:14

The Kaplan Brothers - Nightbird: An Electric Symphony (1978)

por  CORONEL MORTIMER
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Si me dijesen que Frank Sinatra grabó un disco de progresivo ácido, con tintes hebreos y muchos silbidos morriconianos, seguramente no me lo creería. ¿Puede conjugarse la música hebrea a lo BAR MITZVAH, la música crooner de un Frank Sinatra o Bing Crosby, la música de los spaguetti-western de Morricone con silbidos incluidos, y el ambiente oscuro de King Crimson?...
Voy más allá: ¿qué pasaría si ese disco se grabase en un ambiente tal como la cubierta del barco de VACACIONES EN EL MAR, sólo que todo el mundo viaja puesto hasta arriba de ácido lisérgico?... bueno, pues pasaría que quizás (solo quizás), saldría algo parecido a este disco.
NIGHTBIRD es el tercer y último disco del trío afincado en Chicago, THE KAPLAN BROTHERS, que comenzaron sus andanzas en un lejano 1969 con el disco UNIVERSAL SOUNDS, al que seguiría en 1975 el homónimo THE KAPLAN BROTHERS. Todos ellos imbuidos de un particular y bizarro sonido crooner-progresivo con congas, silbidos y un mellotron histriónico y loco totalmente inclasificable.
Es sin embargo con el LP NIGHTBIRD: AN ELECTRIC SYMPHONY de 1976 donde ponen toda la carne en el asador. Para algunos obra maestra y para otros la mayor tomadura de pelo jamás editada...
Bizarros como un bocadillo de pan rallado, THE KAPLAN BROTHERS se las ingenian para hacernos creer que estamos en un viejo club, preferentemente de un transatlántico que surca los mares, con la luz muy tenue y las lámparas de bolas de cristales girando y brillando... el capitán del barco ha repartido unas pastillas naranja que se han mezclado con ponche en las barrigas de los asistentes, que para colmo son miembros de una sinagoga hebrea en pleno viaje de vacaciones por el mar... un individuo barbado en una esquina toca un mellotron insistentemente, mientras otro silba vestido de vaquero batiéndose en duelo con el cantante, un tipo alto con frac y pajarita, patillas hasta las mandíbulas y una profundísima voz...
Mientras la música suena, el barco lentamente va separándose de las aguas, despegando hacia el cielo... hacia las nubes que lo abrazan y lo envuelven de un halo de irrealidad. Minutos después, el barco flota en las estrellas con su particular y eterno guateque, en el que nada es lo que parece y lo que parece no nos lleva a nada.
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